Sin hacer mucho ruido, sin sacarse de la chistera montajes escénicos extravagantes ni deslumbrar con giros creativos, Bon Jovi, un grupo que ni es cool ni crea tendencia, despreciado a veces por parte del público del rock, protagonizó anoche el concierto más multitudinario del año en Barcelona. Sirvió, durante casi tres horas, un menú de grandes éxitos ejecutado con cierta intensidad e implicación. Rock con acentos hard, desvíos acústicos, estribillos con sintonía pop radioformulable y algunas baladas para cantar con mecheros (o móviles) al viento.
Información publicada en la página 48 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 28 de julio de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)
Una introducción de tonos apocalípticos, con truenos electrónicos de intención intrigante, precedió el comienzo del show con Raise your hands. Ahí estaba Jon Bon Jovi, con casaca roja de resonancias zaristas, brindando sus mejores sonrisas. El Estadi no se llenó, pero lució una buena entrada, unas 45.000 personas, según la organización.
El grupo apostó fuerte para levantar el show desde el inicio: se sucedieron rápidamente dos clásicos de su repertorio de los 80, You give love a bad name y Born to be my baby. Jon Bon Jovi no será recordado por sus aportaciones innovadoras al manual de trato con el público en un concierto. «Are you ready?» («¿estáis listos?).
REPERTORIO CAMBIANTE / El cantante tomó la palabra para anunciar un concierto «con muchas sorpresas». Algunas hubo, sí. La primera, I believe, una pieza inusual en esta gira, procedente del disco Keep the faith. Luego hubo dos cartas seguras de su repertorio de los 90, It's my life, coreada por el público, e In these arms. El grupo no jugó, una vez más, la carta del escenario original, si bien la espectacularidad estuvo garantizada con la pantalla de vídeo semicircular situada como telón de fondo.
Su especialidad es el material rockero con cadencia de himno, diseñado para hacerse valer en un gran recinto como el Estadi. Canciones para corear en masa, como We got it goin' on, y desviaciones hacia un rock emotivo de trazos setenteros, como Captain Crash & The beauty queen from Mars. O la aclamada Bad medicine, que el grupo estiró para dar cobijo a fragmentos de piezas ajenas bastante sorprendentes: Bad case of loving you (Doctor doctor), de Robert Palmer; Not fade away (Buddy Holly) y Vertigo (U2). De ahí, a un clásico de la radiofórmula, Bed of roses, o Cama de rosas, como dijo el cantante en castellano.
RAREZA ACÚSTICA / El set acústico, escenificado en un estremo de la doble pasarela que rodeaba parte de la pista, llegó con otra canción que no ha formado parte del repertorio habitual de la gira, Santa Fe, del álbum en solitario de Jon Bon Jovi Blaze of glory (1990), que vino seguida de Diamond ring. Luego, Someday I'll be Saturday night apuntó el camino de un calentamiento final que culminó con Have a nice day y Keep the faith.
La tanda de bises dilató la sesión con las meditaciones místicas de Something to believe in (de texto springsteeniano) y Hey God, y las salvas con Wanted dead or alive y Livin' on a prayer. Pero hubo más, dos propinas fuera de todo guión, la balada Always y, rozando la una de la madrugada, I love this town. La colección de hits de Bon Jovi se mantiene bien conservada.