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Tras los aplausos recibidos el pasado año con Fuenteovejuna, la Compañía Antonio Gades vuelve esta noche al Festival de Porta Ferrada con la tragedia lorquiana Bodas de sangre, precedida de Suite flamenca. «Bodas de sangre es el más grave, el más dramático ballet de Gades, la esencia del clásico de Lorca. Lo estrenó en 1974 en Roma y abrió un nuevo camino al llevar la dramaturgia a la expresión de la danza española», explica Stella Arauzo, directora artística de la compañía, que volverá el próximo verano a la cita de Sant Feliu de Guíxols con la venerada Carmen.
Información publicada en la página 316 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 25 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Casi cuatro décadas después, la coreografía sobre la novia huida en su noche de bodas sigue seduciendo a medio mundo. Desde China hasta Egipto o Estados Unidos. «No sé si todos la entienden pero la viven y la sienten con mucha intensidad. Es un clásico intemporal. Gades concibió un montaje genial marcado por la sobriedad, el minimalismo y la sencillez».
El programa se completa con Flamenco suite, siete piezas (solos, dúos y bailes de grupo) que recorren distintos palos del flamenco tradicional bajo el prisma del legendario bailarín. «Es una obra muy redonda que sirve para echar la vista atrás y conocer el arte desde sus raíces», valora Arauzo, que participa como solista junto con Miguel Lara y la veintena de artistas de la compañía. «Se pasa por diferentes estados de ánimo: drama, pasión... hasta la explosión de alegría final», agrega la continuadora de la escuela gadesiana.
Tras recuperar Carmen, Bodas de sangre y Fuenteovejuna, Arauzo tiene previsto rescatar el único clásico del maestro aún pendiente: el inspirado en El amor brujo. Pero antes desempolvará Rango, de Rafael Aguilar, una adaptación de La casa de Bernarda Alba. «He querido poner en pie los clásicos de Gades pero deseo abrir el repertorio a otros coreógrafos».
Arauzo recuerda que con solo 21 años Gades le brindó el papel de madre en Bodas se sangre. «Tenía carita de niña, era muy chatita. Me enseñó a pintarme la nariz para que tuviera más fuerza. Me vio algo especial, decía, pero quiso que fuera paso a paso». En 1988 dio el salto al sustituir a Cristina Hoyos en Carmen y convertirse en pareja de baile del maestro. «Le eché más narices que nadie. Él te iluminaba con su luz. Era un ejemplo de dignidad y generosidad. Muy humano y con muchos matices. Había muchos Antonios en él». Le hubiera gustado, dice, que la compañía se viera también en Barcelona. «Se sentía muy catalán de corazón».