Olivier Marchal
Información publicada en la página 58 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 04 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Aunque aspira a alcanzar una magnitud operística, esta crónica gansteril se muestra lastrada por los obvios préstamos tomados de incontables, superiores sagas previas. De hecho, podría definirse como una versión de El padrino trasladada a la Francia rural de no ser por su blandura dramática, sus problemas para equilibrar su deseo de ser, a la vez, cine de acción de criminal y un estudio de personaje y, sobre todo, su rancia añoranza de un tiempo en el que policías y gánsteres compartían un respeto mutuo y un código de honor. N. S.