Acontecimiento de primera magnitud. El desembarco del Festival de Bayreuth en el Liceu vivió anoche, con la versión concierto de El holandés errante, la primera de las tres grandes citas --hoy sigue Lohengrin y el jueves Tristán e Isolda-- del prólogo de las celebraciones que la muestra alemana dedicará al bicentenario de Richard Wagner en el 2013. La presencia de los cantantes, orquesta y el coro del festival respondió a las expectativas de un público que, puesto en pie, expresó su entusiasmo con más de 15 minutos de bravos y aclamaciones dedicadas a los intérpretes, en especial a Riccarda Merbeth (Senta). Samuel Youn (Holandés) y Franz-Josep Selig (Daland), y, sobre todo, al director musical Sebastian Weigle.
Información publicada en la página 47 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 02 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La segunda visita de Bayreuth a Barcelona, después de la histórica de 1955 con óperas representadas, no ha tenido el reflejo en taquilla que tuvo entonces. La dificultad de encontrar unas fechas más adecuadas, problemas en la promoción y los altos precios en lo más agudo de la crisis han podido influir en ello, pero artísticamente la operación es un éxito indudable. Con ella el Liceu ha dado el pistoletazo de salida a una temporada que acogerá también la representación de El oro del Rin y la versión concierto de Rienzi.
Las codirectoras del festival, Katharina Wagner y Eva Wagner-Pasquier, ejercieron de anfitrionas del evento. El conseller Ferran Mascarell y el embajador de Alemania, Reinhard Silberberg, estaban entre los asistentes, pero la verdadera protagonista fue la música de la considerada como primera ópera madura del autor.
Desde la interpretación de la obertura de la obra, que recoge los leitmotivs de la historia, el aura wagneriana impregnó el Liceu. Y pronto se evidenció que la elección de Sebastian Weigle, extitular de la orquesta del teatro de la Rambla, para sustituir al gran Christian Thielemann, que este verano arrasó con la dirección musical de la ópera en Bayreuth, había sido de lo más acertado. Su conocimiento de la acústica de la sala fue determinante para lograr una espléndida adaptación de la sonoridad de la orquesta y coros. Pasión romántica, delicadeza y tensión emergieron en su lectura de la obra.
CLIMA EMOTIVO Y DE MISTERIO / Las formaciones subrayaron el clima emotivo y de misterio de la leyenda del héroe condenado a navegar por los mares en su barco fantasma por haber desafiado los designios divinos hasta que el amor y la fidelidad de una mujer le lleven a la redención. A falta de las imágenes de las versiones escénicas, el público pudo concentrarse en interpretación de los cantantes, la orquesta y el coro, y disfrutó de pasajes como el de la balada de Senta, bien defendida por la acreditada cantante wagneriana Merbeth (sustituta de la triunfadora en Bayreuth, Adrianne Pieczonka), que fue de menos a más; el dúo en el que los protagonistas se declaran su amor o el brillante trío del segundo acto con Selig, sin olvidar los patéticos momentos conclusivos, en los que Senta se precipita al mar y un fortissimo orquestal marca la desaparición del barco fantasma.
Michael Königh (Erik), con un buen timbre, Christa Mayer (Mary) y Benjamin Bruns (timonel de Daland) completaron un buen reparto que, junto con las extraordinarias formaciones, conquistaron al Liceu.