El Brossa Quartet de Corda lleva años intentando romper las dinámicas de la música clásica y en la infinita lista de planes de futuro había tres que ahora convergen en su nuevo espectáculo: trabajar con un contratenor, colaborar con un grupo de hip-hop y abordar temas sociales. El Retaule d'avars, que mañana se presenta en Music Hall (21.30 horas) dentro del ciclo Connexions, se alimenta textos sobre la avaricia que van del barroco a la actualidad más rabiosa y juega con el contraste entre los recitados de los raperos Falsalarma y la voz del contratenor Jordi Domènech.
El Brossa Quartet de Corda, Falsalarma y Jordi Domènech, entre huesos y vidrieras modernistas. FIRMA DE FOTO
Información publicada en la página 51 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 01 de noviembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Retaule d'avars pone música a fragmentos de Dante, Molière y Narcís Oller, a rimas de Falsalarma escritas para la ocasión y, también, a cartas vinculadas al caso Fèlix Millet. «Teníamos ganas de hablar de la corrupción actual y de visualizar animaladas que, a menudo, se han tapado demasiado rápido», cuenta el violinista Aleix Puig, «pero como músicos nos excitaba más usar textos de casos de corrupción relacionados con la música». Hasta última hora también han intentado introducir textos de Teddy Bautista para airear la corrupción de la SGAE.
Si algo ha sorprendido a los autores del montaje es el asombroso parecido entre aquellos relatos ficticios y los hechos verídicos actuales. «He de reconocer que me he equivocado gravemente con determinados comportamientos que seguidamente explicaré con detalle...» Estas palabras podrían anunciar el arrepentimiento del avaro de Molière, pero es un extracto literal de la carta de confesión que Fèlix Millet entregó al juzgado y que el Jordi Domènech recita con afectada sorna. Y es una de las escenas más incisivas e hilarantes de un montaje que refleja ese pecado, la avaricia, que vive hoy una irrefutable edad de oro.
Los Brossa son gente atrevida. «Para nosotros, el desconocimiento es un atractivo», argumenta Puig, para justificar su interés por trabajar con un grupo de hip-hop. De este género, alaba «su voluntad de querer ser actual, abierto a la realidad y mostrar un compromiso social de forma muy directa». Son valores inusuales en el mundo de la clásica. «Y los echamos en falta», añade.
Puig niega que se trate de un espectáculo moralista. «No creo que Molière quisiera ser moralista, sino mostrar una situación en la que reflejarse para que cada cual saque sus conclusiones», apunta. Pero una vez grabado el disco, el sueño de los Brossa, Domènech y Falsalarma es llevar el montaje al Palau de la Música. «Sería muy saludable».