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ESTRENO DE UNA BANDA PUNTERA DEL POP EN CATALÁN

Antònia Font descoloca

El grupo mallorquín sorprendió en el Mercat de Vic con las 40 canciones de 'Vostè és aquí'

Sábado, 15 de septiembre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JORDI BIANCIOTTO
VIC

El nuevo disco de Antònia Font, Vostè és aquí, es un ciclo de 40 canciones que vulneran el canon pop dominante y juguetean con ideas, melodías, tramas rítmicas, insinuaciones, gags irónicos, evocaciones emotivas, detalles ornamentales y pequeñas osadías armónicas a lo largo de algo más de una hora. Microcanciones de uno, dos minutos, la mayoría sin estribillos señalizados, que el grupo mallorquín estrenó anoche a palo seco, prescindiendo de preámbulos o aditivos, en el teatro Atlàntida de Vic, en la 24ª edición del Mercat de Música Viva.

Un momento de la actuación de Antònia Font, anoche en el teatro Atlàntida de Vic, con una quincena de bicicletas colgadas del techo.. MARC VILA

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Información publicada en la página 54 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 15 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Antònia Font protagonizó anoche un salto sin red e interpretó por primera vez esas 40 canciones. Lo hizo ante 800 personas que llenaron el auditorio; público virgen respecto a este material, puesto que Vostè és aquí no verá la luz hasta el 9 de octubre. Comportamiento expectante, emoción contenida y cierto desconcierto ante un repertorio que se aparta de los parámetros ordinarios del pop y también del manual de usos de Antònia Font. Por supuesto que esas canciones llevan su sello, pero anoche mostraron un aspecto moldeado. Algunas parecían esbozos de partituras; otras, todo lo contrario: canciones comprimidas hasta su destilación más pura.

HISTORIAS DE CICLISTAS / Tras las lamparetes de su anterior gira, ahora el leitmotiv son las bicicletas. Una quincena de ellas colgaban del techo del Atlántida formando una nube de hierro y goma, digna de la Fundació Tàpies, que flotaba sobre el grupo. La disposición de los músicos tampoco era convencional; un aviso de la vulneración de normas que estaba por venir: Pau Debon, el cantante, estaba situado al fondo del escenario, y en primer término reposaba, inmóvil, una bicicleta. Pere Debon instaló su batería en el extremo derecho.

El grupo interpretó las 40 canciones del disco siguiendo el orden de la grabación con una excepción: Per a jo i tots els ciclistes, que fue desplazada al final y sonó como único bis. El concierto comenzó a caminar con Sol de taronges, y antes de que estuviéramos comenzando a asimilarla, zas, se acabó. Y un proceso semejante experimentamos con Sa casa des carboner, Poesies malversades y Nous partons pour la France, con sus citas francófonas de primer curso de Assimil. Luego, Blood, devastation, death, war and horror («el títol és més llarg que la lletra», apuntó Pau Debon), Antònia Font se desplazó hacia una experimentación electrónica que volvió a asomar en otros momentos, como en la instrumental Off with this head o la robusta Los devoró la selva.

Canciones de juguete, como S'alegria des conill, ramalazos de rock casero, como Punyeta món, y delicados arpegios de piano en Quinze quaranta, esta con vagos destellos repetitivos a lo Michael Nyman que volvieron a apreciarse en la épica Per què vaig venir. En el camino de su aventurado senderismo a la búsqueda de la esencia de la canción pop, Antònia Font se desvió brevemente hacia un rock progresivo digno de Mike Oldfield en N'Angelina, con diálogos entre la guitarra de Joan Miquel Oliver y el sintetizador de Jaume Manresa, y entregó una nana de vago ritmo latino en Canta a sa dutxa mi niña.

La única canción ajena del repertorio fue Leyenda negra, una composición íntegramente en castellano del grupo de rock duro mallorquín, de Manacor, Tots Sants. La pieza, de 1992, versa sobre el descubrimiento de América y lanza miradas poco cordiales a la colonización española. «Quinto centenario de la violación, de la sodomía y de la castración», dice la letra que anoche cantó Pau Debon. La versión de Antònia Font prescindió del sonido heavy metal de la versión original.

RECUERDOS DE CHOPIN / Dominaron las canciones de ambientación envolvente, punteadas por la minuciosa guitarra de Oliver y solo a veces, como en Llops i balenes, violentadas por tramas aparatosas de la batería. Pau Debon hizo pequeñas puntualizaciones sobre algunas canciones y se refirió, por ejemplo, al trasfondo de Un hiver à Majorque. Canción que toma su título de libro de George Sand, esposa de Frederic Chopin, y que fue escrito a propósito del invierno que la pareja pasó en Valldemossa.

Neutrins destacó por su cirugía microscópica, y Serpentines esquinçades culminó con toques de teclados galácticos. Pau Debon cantó solo y a cappella Cartes de Ramiro, adoptó un tono angelical en la aventurera Polaris y, en Per a jo i tots es ciciclistes, montó por fin en la bicicleta que llevábamos más de una hora viendo sobre el escenario y la cantó pedaleando felizmente. Sutil aroma a hit miniaturizado. Se verá.

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