Sylvester Stallone logró reunir hace dos años en Los mercenarios a buena parte de los representantes del cine de acción estadounidense de las últimas décadas -él en cabeza, por supuesto- más Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren y, en papeles menores, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger. Para un determinado cine de Hollywood, una segunda parte de un filme de éxito debe contener los mismos elementos del anterior exponencialmente aumentados. Así que en Los mercenarios 2, realizada ahora por Simon West, a los citados se unen Chuck Norris y Jean-Claude van Damme (en el papel de malo), con lo que la fiesta del músculo y la testosterona es total.
Información publicada en la página 316 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 24 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En el guión de esta película no hay espacio para demasiadas filigranas. Ni falta que hacen. Barney Ross, el personaje que empieza a rivalizar en popularidad con Rocky Balboa y Johnny Rambo en la filmografía de Stallone, reúne a sus muchachotes y aceptan un trabajo en apariencia sencillo y bien remunerado. Pero las cosas se tuercen, uno de los miembros del grupo perece en la operación y el resto inician su particular venganza sin esperar encontrarse con un rival de altura que no es precisamente humano: cinco toneladas de plutonio.
MAMPORROS / Pero esto no es nada para estos personajes forjados en el cine de acción de los 70 y 80 e incorporados, con la excepción de Jason Statham, por antiguas reliquias que se niegan a desaparecer. Ver a Stallone, Norris y Schwarzenegger en acción, como si el tiempo no hubiera hecho mella en ellos, tiene algo de nostálgico y tierno, aunque los mamporros que reparten no lo sean.
El resto de películas que se estrenan o reponen hoy juegan en otra liga, quizá con la excepción de la producción noruega Headhunters, un thriller que empieza frío y se convierte en pura adrenalina con escenas de acción para todos los gustos. La película realizada por Morten Tyldum muestra como un cazatalentos se complica la vida cuando quiere lucrar un poco más sus maltrechas arcas, y la operación aparentemente sencilla del robo de un cuadro que se daba por desaparecido se convierte en una auténtica y violenta pesadilla.
Puede que a Stallone y compañía les gustara en su juventud una película como Abbott y Costello contra los fantasmas, una parodia en toda regla de las criaturas fantásticas de la productora Universal (Frankenstein, el conde Drácula y el hombre lobo), realizada en 1948 cuando el género de terror había entrado en decadencia y lo único que funcionaba eran las comedias o los cócteles de monstruos.
A gente como Quentin Tarantino le gusta mucho este filme. Para su recuperación comercial se ha utilizado una frase suya: «Los momentos de terror dan miedo de verdad y las escenas de comedia son realmente divertidas. Una de mis favoritas desde los 5 años». La fórmula de comedia y espanto quedó trazada: filmes como La comedia de los terrores, El baile de los vampiros o el reciente Sombras tenebrosas han seguido en la misma línea, por no hablar de las teleseries La familia Addams o Los Munster.
También del pasado (más reciente) aparece Manolete, aunque en este caso por razones bien distintas: realizada en EL 2007, la película sobre el famoso torero español encarnado por Adrien Brody (y con Penélope Cruz, Juan Echanove y Santiago Segura en su reparto) ha vivido una serie de trabas legales y llega seis años después con el revuelo que pudo causar en su momento completamente mitigado.
El director francés Bertrand Bonello presenta en L'Apollonide. Casa de tolerancia el retrato fascinante de las relaciones entre prostitutas y clientes en un burdel de París desde finales del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX. El relato no sale en ningún momento de las habitaciones y salones de este lugar de placer y conversación, mostrando un universo cerrado que es al mismo tiempo un reflejo del cambio de los tiempos.
Bonsái, por último, es una cinta del chileno Cristián Jiménez que reflexiona sobre la realidad y la ficción a partir de la historia de un joven y el viejo escritor que le pide ayuda para mecanografiar su última novela.