Cuando Edvard Munch paseaba junto a un fiordo noruego cerca del cual había un manicomio en el que estuvo ingresada su hermana, esquizofrénica, oyó "un grito infinito atravesando la naturaleza". Ese momento se transformó en una de las obras de arte más icónicas de la historia y una de sus cuatro versiones logró el miércoles otro hito. En Sotheby's, en Nueva York, el pastel pintado en 1865 y con el poema que incluye esa frase escrito por Munch en el marco, se convirtió en la obra de arte subastada por más dinero de la historia: casi 120 millones de dólares (91,24 millones de euros).
La puja por El grito, el lote número 20 en la velada, empezó en 40 millones de dólares y fue subiendo a lo largo de más de 12 minutos mientras Tobias Meyer, principal subastador de Sotheby's y bautizado alguna vez como "el vendedor del siglo", iba recogiendo las ofertas de siete aspirantes (al menos cinco estadounidenses y chinos). Al superar los 80 millones de dólares solo quedaban en la puja dos compradores que ofertaban por teléfono.
Cuando las ofertas iban por los 99 millones, Meyer puso humor diciendo "tengo todo el tiempo del mundo" y cuando poco después se convirtió en el primer subastador en la historia que superaba los 100 millones de dólares (los récords anteriores rebasaron esa cifra solo tras la inclusión de comisiones), la sala estalló en aplausos y Meyer preguntó "¿Puedo decirles que les quiero?". Aún llegaría hasta los 107 millones (27 más de lo que había estimado Sotheby's) antes de bajar el martillo. Y a esa cifra luego se añadieron para alcanzar el récord más de 12 millones en comisiones (25% de los primeros 50.000 dólares, 20% hasta el millón y 12% del resto).
Se desconoce quién es el nuevo propietario del cuadro, que vendía Petter Olsen. Este es el hijo de un armador que fue vecino y amigo de Munch y adquirió la obra posiblemente del magnate cafetero alemán que se la comisionó al artista noruego. La familia, que tenía varias obras de Munch, las escondió para protegerlas del expolio nazi y Olsen acabó siendo su dueño tras la muerte de su madre y una disputa legal con su hermano, y ha dicho que con el dinero de la venta planea abrir un museo y un hotel.
El grito subastado el ayer miércoles en Nueva York era la única de las cuatro versiones de la obra que aún estaba en manos privadas. Las otras tres están en museos, de los que dos fueron robadas, en 1994 y el 2004, y luego recuperadas, y eso explica la extrema seguridad que ha rodeado a la obra en Sotheby', donde se ha estado exponiendo en una minigalería especialmente construida, vigilada 24 horas al día y protegida por alambre electrificado.
El grito desbancó a Desnudo, hojas verdes y busto, el cuadro de Picasso que en el 2010 en una subasta en Londres había marcado el récord anterior en 81 millones de euros, y a la escultura de Alberto Giacometti Walking Man I que ese mismo año se vendió por 79,4 millones. Aún, sin embargo, el cuadro que abrió las puertas al expresionismo y que ha sido ampliamente reproducido en la cultura popular está lejos del récord pagado por una obra de arte: Los jugadores de cartas, de Paul Cézanne, cambió de manos el año pasado en una venta privada en la que se cree que la familia real de Catar pagó cerca de 190 millones de euros.
En la subasta de Nueva York, que demostró que una parte de los coleccionistas de arte viven ajenos a la crisis, también alcanzaron cifras millonarias obras de, entre otros, Picasso y Dalí. El retrato de Dora Maar Femme assise dans un Fauteuil pintado por el maestro malagueño en 1941 se vendió por 22,22 millones de euros y Printemps necrophilique, del genio de Figueres, por 12,4 millones