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GENTE DE Nou barris | Educador y salesiano. DIRECTOR DEL CENTRE CRUÏLLA

Educar en la dificultad En el Centre Cruïlla decenas de jóvenes reciben ayuda para lograr el graduado escolar y encontrar empleo. El salesiano Toni Parrilla dirige a 25 profesionales.

Toni Parrilla: "Luchamos para que el alumno venga a clase"

Miércoles, 21 de marzo del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ÓSCAR HERNÁNDEZ / Barcelona

Siempre hay una segunda oportunidad, incluso si parece todo perdido, hasta cuando la crisis limita las posibilidades de respuesta. Pero para que eso sea así hay que ponerle muchas ganas y sobrada ilusión. Como las que demuestran día a día los educadores del Centre Cruïlla, de Ciutat Meridiana (Pedraforca, 2-6). Su director, el salesiano Toni Parrilla (Tordesilos, Guadalajara, 1963), lo tiene muy claro. Tanto él como sus colaboradores luchan día a día por ofrecer una salida a decenas de jóvenes que habían abandonado sus estudios y no consiguen introducirse en el mercado laboral.

MAIRA VILLELA

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Información publicada en la página 48 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 21 de marzo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

—¿Jóvenes difíciles?

—En el Centre Cruïlla ayudamos a jóvenes que tienen cierta dificultad para estudiar, acabar la ESO o encontrar trabajo. Y lo hacemos a través de varios programas. Siempre es gente del territorio, del barrio o del distrito. Hacemos lo que siempre hizo Don Bosco y la comunidad salesiana: ayudar a los jóvenes que tienen más necesidades. Muchos de nuestros jóvenes estaban sin hacer nada, con fracaso escolar y dificultades socioeconómicas, y con el peligro de caer en conductas de riesgo. Nosotros seguimos apostando por ellos y por sus potencialidades.

—¿Cómo les ayudan?

—Contamos con un equipo de 25 profesionales, 7 voluntarios, alumnos de prácticas y varios proyectos. Hay un dispositivo de formación e inserción laboral dirigido a chicos y chicas de 16 y 21 años. Les formamos, orientamos y les hacemos un seguimiento individualizado hasta cumplir el objetivo final de insertarlos en una empresa. Suelen ser jóvenes que no han terminado la ESO y con necesidades económicas. También tenemos la Unidad de Escolarización Compartida (UEC), con chicos que tienen problemas en los institutos del distrito para seguir las clases y adaptarse al ritmo escolar. Aquí intentamos que se reenganchen y consigan el graduado escolar. Un tercer proyecto es Cruïna, un curso para formar a ayudantes de cocina.

—Tarea difícil la de lograr trabajo.

—Si los que tienen formación ya tienen dificultades, imagínese estos jóvenes. Pero, a pesar de todo, creemos en ellos y en sus posibilidades.

—Con crisis y paro galopantes ¿qué salida laboral es la mejor para estos chicos?

—Ahora creemos que el mejor sector para ellos es el de la hostelería y servicios. Por eso hacemos el curso de cocina Cruïna, dirigido a chicos y chicas de 18 a 25 años. Por suerte, llegan motivados y tienen claro que quieren trabajar de esto. Se pueden colocar en empresas de cátering, restaurantes, bares, hoteles... Algunos lo han conseguido. A partir de este primer trabajo pueden progresar.

—Los alumnos de la UEC no deben estar tan motivados.

—Son alumnos de ESO que vienen aquí derivados por el Departament d'Ensenyament. Somos el último recurso para que tengan una experiencia educativa exitosa. Han perdido el ritmo escolar y se hace todo lo posible para que entren en la dinámica de la UEC. Ese es el gran reto. La lucha es que vengan a clase cada día. Para ello hacemos un seguimiento bestial de las familias y los chicos. A veces encontramos situaciones dantescas, como alumnos que viven casi solos, con una abuela por ejemplo, sin nadie que los controle.

—¿Cómo consiguen motivarlos?

—Apostamos por la acogida incondicional. Tengan la historia que tengan, les acogemos como personas y apostamos por ellos. Acogida, proximidad, pero también exigencia. La mayoría vienen obligados y su primera reacción es de dificultad, de decirse a ellos mismos: No conozco esto y no me gusta. Sabemos que no aguantan las mismas horas de clase que otros alumnos. Nosotros nos adaptamos y hacemos lo que haga falta para motivarlos.

—Tendrán un profesorado especial.

—La mayoría son educadores sociales, gente con mucha vocación y experiencia, que cree en su trabajo. El perfil típico de profesor aquí no dura ni dos días. Es una labor muy dura, pero también muy agradecida. Trabajamos con grupos de seis alumnos, pero aun así educamos muchas veces a través del conflicto.

—¿Por qué se dedica a esto?

—Con 20 años quise ser salesiano y dedicarme a los jóvenes con problemas. Siempre he sentido esta parte educativa y social. Ahora estoy encantado con nuestra tarea educativa en Ciutat Meridiana"

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