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En el Hospital St. Bartholomew's de Londres existe la única placa que conmemora el encuentro de dos personas que nunca existieron, Sherlock Holmes y el doctor Watson. Y en el barrio del Carmel hay un bar de tapas, el Mesón Resturante Las Delicias (Mülhberg, 1), cuya fama ha roto fronteras, sobre todo gracias a internet, al ser frecuentado por un personaje ficticio, Pijoaparte, protagonista de la novela Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé.
En familia 8 Pablo Olmo, Lourdes Osuna, Elisabeth José y Manel Olmo, dueños de Las Delicias. JOSEP GARCIA
Información publicada en la página 40 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 19 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Regentado por los hermanos Manel y Pablo Olmo, y sus mujeres, Elisabeth José y Lourdes Osuna, el Delicias presume de tapas únicas, como las patatas suizas, con romesco y allioli, y de raciones enormes a precios económicos (las bravas, 3,50 euros). Pero sobre todo, ostenta una historia digna de libro, y no solo del de Marsé.
Refugio de la guerra
Las Delicias nació en los años 20 en el interior de una cueva en la montaña del Carmel. El hueco en la piedra, que fue utilizado como refugio y dormitorio seguro durante la guerra civil, es ahora el almacén, en un extremo de la gran barra del local. Frente a la barra, luce una enorme fotografía de Las Delicias de los años 30. Varias décadas después, el bar se quedó con la lechería que había al lado donde ahora se ubica el restaurante.
«Yo vine al barrio en los 70, cuando el Carmel estaba pelado como Los Monegros. Solo había barracas y caminos de tierra que la gente hacia al pasar. Aquí vivíamos gente trabajadora y humilde. Mi bloque, aquí al lado, era el de los ricos porque era el único con ascensor», explica José Jiménez, jubilado de 63 años, sentado con unos amigos en la terraza del bar, en la carretera del Carmel. «Cuando subía a casa a pie, en las barracas me hacían pagar un donativo para La Macarena. Yo les enseñaba mis suelas gastadas para que vieran que no tenía dinero. Y en los 50, los taxistas no pasaban de la plaza de Sanllehy por miedo», añade mientras recomienda los mejillones, otra tapa estrella.
Ahora, las cosas han cambiado muchísimo. Los domingos, decenas de personas hacen cola para degustar una tapa y una caña en la terraza. El pasado 11 de septiembre, loscamareros sirvieron más de 100 raciones de patatas suizas. «La gente viene por el boca a boca. No damos abasto repartiendo tarjetas de visita. Y muchos nos conocen por nuestra web, Facebook o lo que leen por internet», cuenta Elisabeth José.
Ella y sus tres socios cogieron el Mesón Resturante Las Delicias hace cuatro años sin saber que Pijoaparte compraba ahí tabaco. «Compré la novela porque me enteré por los clientes. Adquirimos el negocio porque se traspasaba», dice José. Ahora, las tapas mantienen el espíritu de antaño (la receta de las bravas es del anterior dueño).