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EL GIGANTE ASIÁTICO COPIA CAPITALES EXTRANJERAS | Lord Byron en Shanghái

China construye nueve réplicas de ciudades de todo el mundo

La localidad inglesa está deshabitada por la falta de servicios y porque muchos compraron como inversión

Sábado, 15 de noviembre del 2008 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ADRIÁN FONCILLAS
THAMES TOWN
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Thames Town compendia la cultura inglesa sedimentada en siglos: estatuas de Shakespeare y Lord Byron en sus calles, pubs que anuncian cerveza Guinness, un paseo marítimo victoriano, restaurantes fish and chips, viviendas de estilo georgiano y cabinas de teléfono rojas. Pero esto es China; todo se levantó en cinco años.

Réplica Una novia china posa ante un fotógrafo en Thames Town.

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Información publicada en la página 21 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 15 de noviembre de 2008 VER ARCHIVO (.PDF)

Thames Town forma parte del proyecto Una Ciudad Nueve Pueblos, pensado para aliviar la densidad de Shanghái diseminando en sus aledaños réplicas de ciudades extranjeras. Las restantes son de estilo italiano, alemán, sueco, holandés, canadiense o español. La española, en construcción, contará con una copia de Las Ramblas. Es paradójico: pocas ciudades sufrieron tanto el colonialismo como Shanghái, cuarteada en concesiones y con parques que prohibían la entrada a perros y chinos.

Parque temático

Thames Town está en las antípodas del trasiego jovial y caótico de las ciudades chinas. Un paseo vespertino por la avenida Leicester hasta los jardines Leeds, pasando por el lago con barcas de la mansión Windsor Island, relaja tanto como aburre. Hubo quejas obvias: la rica cultura china no necesita copiar a las extranjeras. Las acusaciones de Disneylandia son irrebatibles, pero también lo es que la ciudad ha captado la esencia. Thames Town, de 10.000 habitantes y a hora y media en coche de Shanghái, se publicita como "la mejor opción de relax para exitosos y honorables ciudadanos". Los nuevos ricos chinos ven en lo europeo un sello de respetabilidad, aunque naufragan en sus estilos tanto como los españoles en las dinastías chinas. El optimismo abundó en su nacimiento: las casas se vendían como rosquillas, los proyectos se acumulaban y Wal Mart iba a abrir un supermercado gigantesco.

Pero Thames Town es una ciudad fantasma, de cartón piedra. Sus calles están vacías. Las fachadas de sus comercios refulgen, pero si uno mira el interior por la ventana solo ve el vacío y polvo. Las escaleras del Covent Garden, que en Londres conducen a las tiendas, aquí descubren un sótano ruinoso. Wal Mart desistió de abrir tras un estudio de mercado.

Yang, un promotor, persigue en su bicicleta a cualquier visitante y dibuja un horizonte brillante: la escuela en construcción, el futuro hospital, los inminentes supermercados, la estación de tren en ciernes. Su gesto se tuerce tras constatar tan solo interés periodístico. "El Gobierno debería haber instalado servicios antes de traer a la gente", susurra. El precio por metro cuadrado es más barato que en el centro de Shanghái, pero el tamaño de las casas (algunas con tres pisos y jardín) eleva sus precios hasta los 600.000 euros, cuando el salario medio anual en Shanghái ronda los 3.000 euros.

Y, sin embargo, a Yang solo le quedan por colocar 6 de sus 300 viviendas, y los precios siguen trepando. La ciudad está desierta porque muchos compraron aquí la segunda vivienda como inversión. A la falta de servicios se añade la del transporte público: la parada de tren más cercana está a casi tres kilómetros. Es un círculo vicioso: nadie viene a vivir porque nadie vive aún. Yang confía en que un buen día llegarán en masa. De lo contrario, Thames Town, apartado y discreto, podría convertirse en uno de esos barrios de concubinas que abundan en China.

Fotos de novios

Thames Town es solo rentable para las tiendas de fotografía de boda, que han encontrado aquí un filón de oro. Los paisajes son un decorado perfecto para la primavera del amor. Hay un trasiego continuo de parejas con trajes de novios. Una se retrata en una caravana de cuento de hadas frente a una catedral gótica que humillaría a la mayoría de las inglesas. Otros fotógrafos juegan a fútbol en el césped y golpean la fachada con el balón, seguros de que nadie les reprenderá.

En la plaza está el único bar abierto, de diseño, con terraza y una pequeña galería de arte adosada. La camarera dormita entre botellas de whisky escocés de cinco litros. "Tu café es lo primero que sirvo hoy, y cerramos en 20 minutos. Eso no me preocupa, porque lo importante es vender cuadros". ¿Y cuántos habéis vendido este año? "Ninguno. Eso sí me preocupa", contesta. Zheng atiende la única tienda de comestibles. "Solo podemos esperar. La gente vendrá. Solo aquí se puede vivir como un extranjero en China", dice. ¿Y por qué vivir como un extranjero en China?.

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