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ENTREVISTA

Josep Carles Rius: «Un medio es la suma de la credibilidad de sus periodistas»

Josep Carles Rius: «Un medio es la suma de la credibilidad de sus periodistas»

FERRAN SENDRA

Josep Carles Rius, junto a una antigua máquina Hispano Olivetti, símbolo del periodismo de otros tiempos.

Un periodista de raza. Así rezaba el tópico en los tiempos del olor a tinta y la mítica de la redacciones donde se escribía entre los efluvios del 'gin tonic'. Los escenarios y los medios han cambiado mucho pero el oficio, ha escrito Josep Carles Rius, es el mismo.

Domingo, 24 de julio del 2016

El director adjunto de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA Albert Sáez (izquierda) y el autor de 'Periodismo en reconstrucción', Josep Carles Rius, tras su conversación.

El periodismo es noticia. Un síntoma de la excepcionalidad en que vivimos: un cambio de época. Josep Carles Rius lo ha vivido en primera línea: fue decano de los periodistas catalanes, ha trabajado en los grandes medios del país (EL PERIÓDICO, La Vanguardia, TVE). Ahora ha inventado 'Catalunya Plural', un polo digital de información de calidad al servicio de la comunidad. Persona de convicciones, es un acérrimo defensor de la responsabilidad social del periodismo. Por esa responsabilidad ha escrito 'Periodismo en reconstrucción' (Universitat de Barcelona-Edicions).

La mayoría de libros que se publican sobre periodismo tienden al pesimismo cuando no al catastrofismo, en cambio en este caso se habla de la «reconstrucción», ¿en qué sentido? Tiene un sentido similar al de tu libro ('El periodisme després de Twitter'), cuando hablas de «repensar» el periodismo. El relato es un poco el mismo porque hemos vivido las mismas experiencias. Reconstruir tiene el componente de afirmar que estaba destruido, tiene un punto de crítica y de esperanza. Repaso cómo se destruyó y qué podemos hacer para reconstruirlo. Es un libro optimista porque el periodismo es más necesario que nunca. En el caos en el que vivimos, se necesitan islas de credibilidad que pueden ser los medios convencionales -que lo son cuando hay grandes noticias como Niza o Turquía- en los que el público encuentra información de calidad; pueden serlo los medios alternativos que se han creado o puede serlo un periodista individualmente. El periodismo será más necesario que nunca pero lo será si se lo gana. Por eso tú hablas de «fugitivos analógicos». ¿Por qué la gente en ocasiones se ha pasado a las redes? Porque en los medios no encontraba lo que buscaba.

¿Podemos hablar de experiencias exitosas en el ámbito de los nuevos medios? ¿Empezamos a tener modelos? Algunos hay. En el ámbito digital encontramos medios alternativos, pero también medios que trasladan a la red la lógica de los medios tradicionales porque son proyectos que nacen del éxodo de los profesionales. Esos medios tienen un futuro problemático. Hay medios nativos que aportan una nueva forma de hacer. Uno de ellos es el 'eldiario.es' en el que estoy implicado y la fundación Catalunya Plural donde lo intentamos hacer con la creación de tres comunidades entorno al trabajo, a la sanidad y a la educación para ofrecer un espacio no solo de información útil sino en el que tengan su propia conversación. Las comunidades ya existen, hay que conectar con ellas y darles un servicio útil junto a la información. Esta es la línea. También hay medios convencionales que logran adaptarse a los nuevos tiempos.

La aportación específica del periodismo en el marasmo digital, estamos todos de acuerdo en que es la credibilidad. ¿La está recuperando el periodismo y adaptando a esta nueva realidad en la que hay muchas voces distintas? La palabra clave es la credibilidad. El gran valor no son las rotativas sino la credibilidad de los periodistas y un medio es la suma de la credibilidad de sus periodistas. En algunos medios encontramos periodistas que tienen más credibilidad que la propia marca. Esta es la gran esperanza de los periodistas. Los medios han entendido que esto no es solo un negocio sino que hay que entenderlo como un servicio entorno a unos valores. Durante la fiebre de oro, se dejó de entender así y se produjo un divorcio entre el público y el periodismo. Eso es lo que hay que recuperar. La credibilidad es el centro de este negocio, más ahora que el público no es cautivo. Este es el cambio de paradigma, los periodistas y los medios crean círculos de confianza. Hay expertos, hay bloggers, hay periodistas free lance que participan en la misma conversación. El reto de los medios es entrar en el círculo de confianza del público, y la forma de acceder es la credibilidad. Conviven en este momento dos mundos, el de los jóvenes -aunque cada vez más mayores- que viven en estos nuevos círculos de confianza y el mundo de las grandes audiencias de televisión que no han hecho el cambio y aún responden a intereses inconfesables. Los tiempos van en la dirección de que los ciudadanos se crean su círculo de confianza y los medios entrarán dando calidad, profundidad, y credibilidad.

"Antonio Asensio

solo nos pedía una

cosa: haced un diario
que interese a la gente.
Nada más»

¿No crees que después de cambiar los medios también deberemos cambiar los periodistas? Nuestra generación periodística ha vivido teniendo la sensación de que teníamos un monopolio. En mi caso hablo de 'la torre de marfil' y en el tuyo hablas del 'pedestal'. El gran cambio es perder esta distancia. Los periodistas decidíamos qué se tenía que saber, en qué momento y qué no se tenía que saber y qué se tenía que opinar. Para el periodismo era una situación de poder y de comodidad. Ahora hay que ganárselo cada día. Los periodistas hemos de dar más explicaciones a nuestros lectores. Una prueba clara es que los ciudadanos consideran que la información es tan importante que deciden implicarse en ella, de ahí nacen las plataformas a favor de la transparencia y en otro nivel las experiencia tipo wikileaks. El señor que filtra los 'papeles de Panamá' por un impulso ético da un servicio a la sociedad que después el periodismo procesa, verifica y publica.

Hay periodistas a los que parece molestarles este papel activo del público. Hay que escuchar a la gente, pero el periodista ha de ser consciente de que en una democracia tiene una función social. Si solo le da a la gente lo que quiere oír, entonces se crean oleadas emocionales, nace la propaganda. Lo hemos visto en el brexit: una parte de la prensa inglesa ha hecho un papel inmoral, contribuyendo a dar informaciones falsas, a distorsionar la realidad en nombre de hacer lo que la gente quería. Hay que escuchar a la propia comunidad de lectores pero también se debe ser independiente de esa comunidad.

Los nuevos medios, ¿encontrarán un modelo económico mientras el público no tenga conciencia de que la información vale dinero, la paguen o no? Si estuviésemos en un mercado absolutamente libre diríamos que solo los medios que sean útiles para una audiencia y ésta esté dispuesta a pagar, sobrevivirán. Los que no sean útiles o solo lo sean para los periodistas que los hacen, para tener y administrar poder, solo pueden sobrevivir por dos motivos: por las subvenciones, sobretodo en el caso de Catalunya, o por su capacidad de hacer chantaje. Los medios que vivan de sus lectores y de la publicidad, y en el ámbito digital más de los lectores que de la publicidad, deberán demostrar su utilidad.

Hablemos del momento de la destrucción. En tu libro hay una gran añoranza de los editores... Estuve en EL PERIÓDICO en los tiempos de Antonio Asensio padre. El mensaje que nos daba era: haced un diario que interese a la gente. Nada más. Quedan pocos editores así. La irrupción de las televisiones privadas acabó con muchos de ellos, económicamente los lastró y los llevó a entrar en otro tipo de negocios.Me gusta hablar del binomio virtuoso, ese tiempo durante el siglo XX en el que los editores ganaron mucho dinero y dieron un muy buen servicio a la sociedad.

Los periodistas nos despistamos mientras todo eso ocurría... Hubo una derrota colectiva, pero las responsabilidades no son las mismas. Hubo periodistas que resistieron, otros se recluyeron en su especialidad y otros que en lugar de hacer de contrapoder, se pusieron al servicio del poder convirtiendo las redacciones en pequeñas dictaduras sin capacidad de reaccionar.

Una cierta confusión entre editores, políticos y periodistas que se juzgó buena en la Transición, ¿no ha resultado perjudicial? La lógica era que la democracia era frágil y se tenía que apoyar. En Catalunya se añadía que la autonomía era frágil y también se debía apoyar. En este contexto aparece el personaje de Jordi Pujol que se identifica totalmente con la autonomía y con la Generalitat, que son frágiles y se deben apoyar. Así surgió un aura de impunidad que preservó a Pujol. Las subvenciones han acabado de distorsionar esta realidad. TV-3 es una gran televisión y nos tenemos que implicar para que siga siéndolo. Hay indicios de que puede dejar de serlo: falta de pluralidad, el intento de ponerla al servicio de una determinada causa son hechos preocupantes.y le puede pasar como ha pasado con otros medios públicos en España. Es lo último que querría que pasase.

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