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Al contrataque

Manel Fuentes

Periodista

Del revés

@Fuentes_Manel

Martes, 27 de noviembre del 2012

Edificios de viviendas en construcción, en Madrid.

El mundo lleva tiempo del revés. Y como canta Sabina, el cielo estaba en el suelo y Dios le pagaba un sueldo a Satán. Y como el suelo siempre subía de precio, nuestras aspiraciones inmobiliarias nos llevaron al llanto y crujir de dientes. Bueno, a todos no, solo a los pobres diablos sin pudientes ni conexión ADSL con el poder. Los que lo pusieron todo patas arriba tenían capacidad de chantaje, ya que su parte de cielo era tan grande que si caían nos aplastaban a todos.

Y así bancos y constructoras aguantaban su posición con complicidad política, mientras que el resto de los mortales íbamos quemando nuestro carbón para mantener su artificio. El problema seguía siendo el mismo que años atrás, pero aumentado al no haberle dado solución antes. Ahora el cielo está enladrillado y nadie lo quiere desenladrillar. Es más, en vez de un desenladrillador que lo desenladrille, el que ha aparecido es el presidente de la Asociación Española de la Banca, Miguel Martín, diciendo que la solución para que no haya más desahucios ni exclusión social no es cambiar ahora la ley hipotecaria o aplicar la dación en pago, sino construir más casas y dar más créditos hipotecarios. Es una manera de verlo. Hay quien cuando pilla una borrachera dice que para que no venga la resaca hay que seguir bebiendo, obviando que llevando el argumento hasta el final lo que te cargas es el hígado. Pero como en el ladrillo los que se están imponiendo son gente sin entrañas, lo de perder el hígado es una menudencia de menudillos.

De todos modos, lo bueno de la ley de la gravedad es que ayuda a que al final todo caiga por su propio peso, y como la gravedad económica es tan grande, la política está decidida a que con ella también caiga la ética.

Papeles por piso

La última idea lanzada por el Ministerio de Economía es dar la residencia española a todo el que se compre una vivienda de más de 160.000 euros. O sea, que estamos a punto de vender derechos sociales a cambio de ladrillos. Y, claro, como se pueden imaginar la propuesta ya ha llegado a China y a Rusia, que la esperan con entusiasmo. Hay expertos que salen en la prensa y nos cuentan que esto ya pasa en países como Chipre o Albania, con gran demanda china. Y otros cuentan que en Canadá y otros países de primera también pasa pero por unos importes superiores y unos derechos de permanencia en el país menores y revisables.

Está bien que nos lo vayan contando, porque llevando esta política al extremo (y me temo que lo veremos) ya no solo habrá países ricos y países pobres, sino países de ricos y de pobres. El matiz no es menor, puesto que la riqueza de esos ciudadanos se habrá hecho en otras partes y con métodos y leyes más que dudosas, pero luego podrán vivir cómodamente en un paraíso garantista entre millonarios. Aunque no se hagan ilusiones; nosotros no vamos a jugar en esta liga de primera división. Lo nuestro será un remanso para pícaros del tres al cuarto. Tras la burbuja del suelo, ahora a nuestros bancos les está explotando la de las hipotecas, y en este sálvese quien pueda todo vale. Seguimos hablando de hacer un banco malo en vez de uno bueno.

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