España ya está de nuevo donde quería. En el cielo. Igual que hace cuatro años en Pekín. Clasificado para la final olímpica de baloncesto, frente a EEUU, el reto fijado antes de que se iniciaran los Juegos, tras protagonizar un episodio más que se añadirá al libro de las gestas de un equipo inigualable en grandeza encabezado por Pau Gasol.
Información publicada en la página 302 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 11 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El triunfo frente a Rusia, un triunfo con sabor a venganza después de la derrota en la primera fase, dejó un sabor muy dulce, que merecería añadirse en un capítulo aparte. Un apéndice dedicado a los prodigios (o a los milagros como se quiera) de esta generación de chicos de oro, que resucitó en un partido en el que se le daba por muerto y en un segundo tiempo soberbio, lleno de fuerza y efectividad, remontó los 11 puntos en contra del descanso y acabó ganando con toda justicia por 67-59.
«Supimos sufrir y demostramos nuestro carácter y que sabemos jugar unidos en los momentos difíciles, pero esto no se ha acabado, ahora que ya tenemos una medalla segura, vamos a por el oro», resaltó Pau Gasol. «Me siento orgulloso de estos jugadores que supieron dar lo mejor de sí mismos en el momento más difícil», remarcó Sergio Scariolo.
El éxito del baloncesto español, que jugará la tercera final olímpica de su historia (Los Ángeles-84 y Pekín-2008 son los precedentes) colmó de satisfacción otra jornada espléndida en Londres, con dos medallas más, en sincronizada (el bronce de equipos) y en taekuondo (Nicolás García) y otra asegurada en vela (las tripulantes del barco de Match Race Elliot, que serán hoy oro o plata), que sube el botín a las 15 medallas.
La medalla del baloncesto, que afrontará mañana ya sin presión su última batalla, tiene, sin embargo, un valor muy especial. Desde hace más de una década, el equipo de Scariolo transita como uno de los estandartes del deporte español y la final de Londres era un nuevo hito que conquistar. Pase lo que pase en ese último partido, el equipo de Scariolo lo hará con la tranquilidad del trabajo hecho a conciencia.
Hubo muchos héroes a los que podría atribuirse la conquista: Calderón, Pau Gasol, Llull, Rudy o también Marc Gasol. Y todos tuvieron su parte de gloria, porque el de ayer fue más que nunca un éxito coral, el éxito de un grupo reforzado en el sufrimiento de un torneo en el que han ido trampeando complicaciones, imprevistos y problemas físicos, como ayer volvió a hacerse evidente con la ausencia de Navarro, reservado prácticamente toda la segunda parte por esos malditos problemas de su fascitis plantar.
CARÁCTER Y TRIPLES / En la persistencia de Pau Gasol, por ejemplo, en su fiabilidad en los momentos de mayor angustia, se refugió el equipo de Scariolo cuando el vendaval azotaba de cara y la poderosa Rusia amenazaba con romper el partido, disparando sus ventajas por encima de la decena (16-29, m. 18). El carácter irreductible de Calderón serviría para explicar la reacción de España, que se adueñó del partido a partir del tercer cuarto y consiguió enjugar los 11 puntos atesorados por el equipo de David Blatt en el descanso (20-31).
Los triples de Calderón, y también la inspiración de Rudy Fernández (cuatro de los cinco triples del tercer periodo fueron suyos) fueron los que devolvieron la fe a la selección, que en el tercer cuarto anotó todo lo que no había anotado en los 20 primeros minutos y le cambió la cara al partido.Y en las piernas y la velocidad de Llull, en la pelea de Reyes y en la determinación de Marc Gasol -inmenso en los últimos minutos- encontró España la fuerza para echarle el lazo al encuentro y no dejarlo escapar.
MUTACIÓN INESPERADA / Los jugadores de David Blatt asistieron perplejos a la mutación de España, una sombra de sí mismo en el primer tiempo, un ejército determinado a conquistar el partido en el segundo. De sus cenizas supo renacer España que, en el primer tiempo, estuvo completamente ausente, fuera del partido. Jamás la selección, al menos desde que llegaron Pau, Navarro y compañía al vestuario, se había quedado en 20 puntos, como sucedió al descanso, un pequeño lunar en su palmarés.
Por momentos, dio la impresión de que era imposible jugar peor para España, que solo pudo anotar tres canastas en el primer periodo y tres en el segundo y se fue al vestuario en el descanso con un mortificante porcentaje 21% en tiros de campo (6 de 29) y un horrible 2 de 11 en triples. A esta selección, como lo ha demostrado en el tiempo, nunca se la puede enterrar y su furiosa carga en la segunda mitad, demuestra que el orgullo también sirve para ganar.