Hay cosas que solo pasan una vez en la vida. Pero los Juegos Olímpicos de Londres están empeñados en demostrar que los hechos extraordinarios, las gestas históricas, se pueden llegar a materializar más a menudo. La primera semana fue la de Michael Phelps, un nadador legendario que a sus 27 años selló su retirada dejando para la posteridad un récord virtualmente inigualable, con 22 medallas en tres Juegos (18 de ellas de oro), que perdurará en la historia.
Información publicada en la página 302 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 10 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Y Londres tiene la fortuna de estar viviendo una segunda semana igualmente inolvidable, con Usain Bolt, más joven que Phelps (cumplirá los 26 años el próximo día 21), escribiendo las páginas más bellas en las pruebas de velocidad de atletismo. Se creía que con Carl Lewis, otro legendario de pleno derecho, se había llegado a las más altas cotas de perfección en un estadio. Pero el esprínter no para de fijar nuevos techos. Usain Gold capitaneó ayer un inusitado triple jamaicano en la final de los 200 metros y se situó por encima de los mejores. Es el único que ha sido capaz de repetir título olímpico de 100 y 200 metros en dos Juegos (y va camino, lógicamente, de repetir el triplete de Pekín 2008, con el relevo 4x100). Ni Carl Lewis, el Hijo del viento, lo pudo conseguir. Tampoco -eran otras épocas- Jesse Owens, Bobby Morrow ni el ruso Valeri Borzov. Solo Usain Bolt, más que un rayo, un relámpago o un trueno, una tormenta perfecta sobre una pista de tartán. Ayer lo demostró de nuevo, y le quedan, como mínimo, otro Juegos. Los de Río.
Bolt, y lo demostró por enésima vez ayer, es más que un atleta. Es la imagen misma del atletismo. Una cara amable, divertida, relajada, distentida hasta lo inimaginable. Ayer, en el día en que, según sus propias palabras, pasaba a ser leyenda por lograr un doble-doble sin precedentes, no paró de bromear hasta segundos antes de saltar como un ciclón de los tacos de salida. Bromeó en la pista de calentamiento (le pegó un crochet peliculero al estadounidense Wallace Spearmon), al salir a la pista con la gorra al revés, con una voluntaria al lado de los tacos y con unos nuevos saludos que estrenó al ser presentado, en plan rey, o monarca, o Papa; vaya usted a saber.
POCA BROMA / Pero la broma se acabó nada más sonar el disparo. Ahí, el ya quíntuple campeón olímpico, y quíntuple también del mundo, se reivindicó por las dudas que había despertado una temporada no tan redonda como las habituales en él. «La gente es así, siempre duda de los campeones. Pero yo sé lo que puedo hacer y no dudo de mí mismo», había dicho la víspera. No dudó ni un segundo. Ni una milésima. Salió el primero, en el metro 20 ya iba destacado, salió de la curva con cinco metros sobre su presunta amenaza (Yohan Blake le había ganado en las pruebas de selección jamaicanas en 100 y 200 y el año pasado, con 19.26, se quedó a 7 centésimas de su récord del mundo), mantuvo la progresión hasta que estuvo a 20 metros del final y entró, ralentizando, con el dedo índice en los labios reclamando silencio y respeto a sus rivales.
Bolt, que dejó el récord del mundo para otro momento, se limitó a ganar (que ayer no era poco) con 19.32 segundos, la tercera mejor marca de todos los tiempos, por delante de Blake (19.44) y el tercer jamaicano, Warren Weir (22 años), que con 19.84 bajó por segunda vez de 20 segundos. Solo EEUU, en seis ocasiones, había copado el podio del doble hectómetro.
«He hecho lo que vine a hacer. He demostrado que soy el mejor atleta de la actualidad y una leyenda, a la altura de Michael Johnson. Ya no me queda nada por demostrar», confirmó Bolt, Usain Gold.