El deporte de élite es un contrato con las nubes. El entrenador de tenis Javier Duarte lo sabe muy bien porque se ha pasado más de 20 años de su vida viajando entre 35 y 40 semanas al año. Ha sido entrenador de Àlex Corretja, Alberto Berasategui, Tommy Robredo, Carlos Costa y Jordi Burillo y también el capitán que levantó la primera Copa Davis del tenis español en el 2000.
Su bar de confianza. Almuerzos de fin de semana<BR/>CUANDO ESTÁ EN BARCELONA, LE GUSTA DESAYUNAR BIEN, LOS SÁBADOS Y DOMINGOS, EN EL REBOST DE VALLESPIR (VALLESPIR, 123) Maira Villela
Información publicada en la página 53 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 09 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Ahora, el extenista viaja algo menos, pero su día a día sigue estando dividido. «En una de mis vidas, la de entrenador, sigo viajes, horarios, rutinas y todo el plan del jugador Pablo Carreño, también sus horas de descanso. En la otra vida, llego a Barcelona y cambio el chip. Sí que hay entrenos, pero estoy en casa y puedo hacer cierta vida de barrio», explica Javier Duarte.
Después de tanto viaje, el entrenador asegura que lo que más le apetece es «estar tranquilo en casa viendo la tele, generalmente los deportes, porque se aprende mucho», afirma. «Son mis hijos --Javier, de 15 años y Carla, de 12- los que me sacan de casa», confiesa.
El crecimiento
Cincuenta y dos años viviendo en un mismo barrio ofrece, a pesar de las múltiples ausencias, una generosa visión de los cambios en sus calles y plazas, en su comercio y también en su gente. «Aquí en Les Corts, convive gente joven, parejas, con o sin hijos en las que los dos trabajan y familias de toda la vida», analiza el vecino. «Los que llevamos toda la vida en Les Corts no nos vamos», añade. «Es un barrio muy familiar, no encuentras a faltar nada. Es muy cómodo para entrar y salir de la ciudad, por la Diagonal. Llegas al aeropuerto en diez minutos, y a la estación del AVE, en Sants, en cinco. Y, de noche, es un barrio muy, muy tranquilo, porque no hay discotecas ni demasiados bares de noche», puntualiza. «Eso sí, ha crecido muchísimo en los últimos 50 años. Se han construido muchas viviendas y centros comerciales», precisa.
Para Duarte, sin embargo, Les Corts tiene zonas muy diferentes unas de otras. «Pedralbes y los sectores de El Corte Inglés y la avenida de Madrid son otro estilo que la zona del mercado de Les Corts. Esto es mucho más barrio», considera. Duarte, que nació y creció en los alrededores de las plazas de Comas y de la Concòrdia, tiene la sensación de haber pasado de vivir en un barrio con ambiente de pequeño pueblo, a una gran ciudad.
Su padre era médico. De aquellos facultativos entregados, que visitaban a sus pacientes a domicilio fuera la hora que fuera. «Tenían su teléfono y sabían que lo podían llamar en cualquier momento », explica Duarte. «Trabajaba en el Hospital de Sant Pau, pero tenía su consulta privada en Les Corts, donde los pacientes eran también vecinos», dice.
Todavía hay mucha gente que cuando se encuentra con Javier Duarte, lo primero que les viene a la mente es la figura de aquel médico. Su amabilidad permanece registrada en la memoria de muchos. En la farmacia Oller de la plaza de la Concòrdia, donde hoy atiende la cuarta generación de farmacéuticos y analistas, el padre de Javier Duarte tenía su laboratorio de confianza para realizar las analíticas de sus pacientes. Y esa confianza caló, más tarde, en su hijo. «Yo también he traído aquí a los deportistas a los que he entrenado para que les hicieran análisis de sangre», declara el entrenador.
Famas diversas
El padre, apreciado por su dedicación a los pacientes, caló mucho más en el barrio que todos los años de Javier Duarte, como entrenador de destacados tenistas. «Estás en todos los torneos y no te conoce nadie. Eso sí, cuatro fines de semana que sales en televisión como capitán en la Copa Davis y ya te conoce todo el mundo. Es la suerte del momento justo», cuenta el entrenador.
Duarte inició su carrera deportiva en el Club Esportiu Laietà, antes de pasar a entrenar en el Club de Tenis Barcelona, donde hoy todavía sigue al pie del cañón acompañando los entrenos del joven asturiano Pablo Carreño. «A veces, en Barcelona y otras en Cornellà de Llobregat o en el CAR de Sant Cugat», declara.
Poco tiempo le queda, pues, para la rutinas en su barrio. Pero, en este recorrido por sus lugares habituales distrito y también por los establecimientos a los que el extenista está vinculado desde la infancia, refuerza la idea de que el vecindario en el que uno creció guarda siempre algo de sí mismo y, en este caso, del buen recuerdo y el afecto que un médico de barrio puede llegar a crear.