Estoy sentada en el despacho de la farmacia que tenemos en Terrassa y escucho a mis compañeras explicar a los clientes (mayoritariamente pensionistas) una y otra vez el motivo del copago de los medicamentos, que se suma al euro por receta. Pero la conversación no acaba aquí, también explicamos que este copago no solo afecta a la compra de ese día, sino que les tenemos que cobrar los atrasos de julio, agosto y septiembre, lo que hace aflorar la incomprensión, la decepción, la frustración y la indignación en cada venta. Personalmente, no me molesta la medida. Encuentro justo que se pague un porcentaje del medicamento, pero no entiendo por qué se tienen que hacer las cosas mal y con prisas. Llevamos todo el año explicando por qué les cambiamos sus medicamentos (debemos dispensar el de precio más bajo), por qué hay copago y la tasa del euro, los motivos de los atrasos... ¿Y a cambio de qué? A cambio de disminuir el tiempo que dedicamos a hacer el trabajo para el que estudiamos (cuidar, guiar y velar por la buena salud de la población); a cambio de sufrir continuas bajadas de precios de medicamentos; a cambio de no dispensar ese medicamento que no nos pagarán porque no ha bajado de precio; a cambio de que nuestros gobernantes nos amenacen con que no nos pagarán... Sin embargo, los farmacéuticos nos levantamos cada día para ir al trabajo y seguir explicando todos los cambios que estamos sufriendo, pues creemos que la situación es delicada y todos debemos poner nuestro granito de arena para sacar el país adelante.
Elena Serra (Terrassa)
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