El Gobierno apeló ayer de nuevo a la grave situación de la economía española para justificar el tijeretazo más importante de la democracia. Si alguien se pregunta si el camino del sacrificio y la austeridad es el camino, el ministro de Economía, Luis de Guindos, al igual que hizo Mariano Rajoy el miércoles, respondió que sí, que es el único, pese a que todavía ningún país europeo de los que aplica esta receta desde hace varios años haya conseguido salir de la crisis.
Ni los mercados ni nuestros socios confían en las cuentas públicas ni en las autonomías, a las que esta semana el Gobierno ha decidido echar un pulso y sacar esa tarjeta amarilla que le aconsejó el Fondo Monetario Internacional en su informe de hace un mes.
«La reducción del déficit público puede producir a corto plazo efectos contractivos sobre la actividad, pero a medio plazo genera confianza», aseguró Guindos tras la reunión del Consejo de Ministros. Si las finanzas se perciben como «insostenibles», continuó, la recesión sería muchísimo más profunda y daría como resultado un escenario «completamente distinto», que no quiso ni concretar.
El Ejecutivo considera que esta semana ha dado el paso que Bruselas estaba esperando y que conllevaba el rescate de la banca, además del programa de déficit excesivo. Ahora, el turno es de la Unión Europea. «Hasta que no se tomen las medidas decisivas que se acordaron en cuanto a la unión bancaria y política, las tensiones van a continuar», dijo Guindos respecto a la situación de la prima de riesgo.
Negación del programa
El ministro compareció ante la prensa junto al titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, y la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, tras el Consejo de Ministros decisorio que aprobó el grueso de los ajustes con los que el presidente ha culminado la negación total de su programa electoral. «Lo que tiene que hacer un presidente a veces es abdicar de determinadas cuestiones, porque, si se trata de salvar el país y salvar su economía, a veces hay que hacer cosas que son dolorosas pero necesarias. [Y Rajoy, en el Congreso] no las disfrazó», justificó la vicepresidenta.
Sáenz de Santamaría explicó que los aplausos que el presidente recibió al volver a su escaño, tras la intervención en la que comunicó las medidas, se debió a la «decisión valiente» que acababa de asumir. «Y lo hizo sin demagogias», añadió sin comentar los insultos e improperios de los diputados del PP.
La vicepresidenta y Montoro elogiaron la profesionalidad de los funcionarios españoles, y Saénz de Santamaría dijo que el Gobierno «entiende» que haya ciudadanos que se manifiesten en la calle contra las «difíciles» medidas. «Si el déficit hubiera sido del 6% no se hubieran aceptado estas medidas de ninguna de las manera», se quejó en referencia a la herencia dejada por los socialistas.