Tres semanas después de la quiebra de Lehman Brothers en septiembre del 2008, el Congreso de Estados Unidos aprobó la primera parte del rescate al sistema financiero, extendido después con Barack Obama ya en la presidencia.
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Un total de 700.000 millones de dólares (solo se desembolsaron al final 431.000) se designaron para inyectar liquidez en bancos, aseguradoras y entidades de préstamo, reflotar a Chrysler y General Motors o frenar la cadena de deshaucios refinanciando hipotecas.
El programa ha sido a la postre un éxito. No solo estabilizó el sistema financiero sino que el Estado norteamericano obtendrá beneficios de sus ayudas a los bancos, según los cálculos del Tesoro.
Más de 700 bancos recibieron un total de 245.000 millones de dólares en ayudas (unos 196.000 millones de euros), de las cuales, el 99% ya han sido devueltas. La inyección de fondos se hizo mediante la compra de acciones preferentes (con unos dividendos anuales del 5%), que los bancos fueron recomprando.
El Congreso lanzó una comisión de investigación de la crisis en la que tuvieron que testificar los consejeros de las principales entidades del país y cuyas conclusiones sirvieron después para elaborar la reforma financiera. Ningún alto ejecutivo ha ido a la cárcel, aunque varias entidades han pagado multas millonarias por sus excesos fraudulentos. RICARDO MIR DE FRANCIA