En la memoria popular y en las hemerotecas se mantiene en lugar de honor este titular del domingo 16 de febrero del 2003: «La mayor manifestación de la historia», ilustrada, en este diario, con una foto de portada y contraportada en la confluencia del paseo de Gràcia con la Gran Via inundada, literalmente, de gente. Con el Tibidabo en un ángulo y el Besòs (intuido) en el otro. Aquel sábado de febrero confluyeron muchas protestas de todo signo en una sola voz: contra la entonces inminente guerra de Irak, apoyada formalmente por el Gobierno de José María Aznar. Las protestas parciales, por este y otros motivos, venían acumulándose durante todo el 2002. El ruido poco perceptible de un río cuando nace y que no advierte que puede acabar en una cascada (Efecto Iguazú, lo tituló un documental de éxito de aquel mismo año sobre una protesta de trabajadores de Telefónica).
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De los otros dos grandes movimientos de protesta que hacen época, uno es netamente sindical y el otro un híbrido de crisis laboral y política. Ambos, bajo mandato socialista. La primera se remonta al siglo pasado, una huelga general de impacto en diciembre de 1988 (14-D en la síntesis posterior), que supuso la ruptura del gobierno socialista de Felipe González con el sindicato afín UGT.
La red de indignados
La otra manifestación que sumó millones de voluntades diversas y transversales fue la que empezó en mayo del 2011, semanas antes de unas elecciones municipales, con el protagonismo consagrado de las redes sociales. El movimiento 15-M, pese a su posterior efecto Guadiana de aparición y desaparición, tuvo su gran día global el domingo 19 de junio del 2011, con manifestaciones en varios países que los cronistas de este diario resumieron como la de «las abuelas que habían corrido ante la policía franquista solidarizadas con sus nietos por la falta de futuro».
Junto a estos tres grandes hitos de la protesta en España, han sido constantes las salidas a la calle de los ciudadanos, casi siempre por ser contrarios a decisiones del Gobierno. En Catalunya, aparte de las manifestaciones coincidentes con las que se hacían en el resto de España, las dos protesta más sonadas de la reciente historia tienen el mismo marco: los derechos históricos. Desde el 11 de septiembre de 1977 -la del millón de manifestantes, según el generoso sistema de recuento de la época- hasta la muy concurrida del 10 de julio del 2010, convocada formalmente por Òmnium Cultural contra la sentencia del Tribunal Constitucional que enmendaba el Estatut, aprobado en referendo cuatro años antes.
De todas formas, la inmensa mayoría de protestas en la calle, acompañadas o no de huelga, las han protagonizado los sindicatos en rechazo de los continuados recortes de los derechos laborales. Para hacerse una idea, cada uno de los cuatro presidentes de la democracia (exceptuado el breve periodo de Leopoldo Calvo-Sotelo) han vivido una huelga general. Tres fueron a los seis años de un mandato, en el caso de Felipe González, José Maria Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. A Rajoy se la convocaron a los tres meses de gobernar, en marzo pasado.
Capítulo aparte de ocupación de la calle contra la política gubernamental son las que alentó el PP, en diverso grado, contra la política del PSOE entre enero del 2005 y febrero del 2007. Seis de ellas fueron contra la política antiterrorista y las restantes contra el matrimonio gay o la ley de educación.