Director Adjunto
El traspaso de poderes entre dos gobiernos de distinto color nunca es fácil. Los sectarismos, los prejuicios políticos, las batallas electorales, las rencillas y venganzas personales hacen que el desalojo y posterior ocupación de despachos sea un asunto propicio para insidias e infidelidades. Pero mucho más complejo resulta un proceso así cuando, como es el actual caso en España, se realiza bajo la presión apenas soportable de los mercados financieros internacionales, muy pendientes de cualquier indicio de que las cuentas del equipo saliente no sean todo lo claras que se supone.
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