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Juancho Dumall

La clave

Juancho Dumall

Director Adjunto

'Generación Rubalcaba'

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Lunes, 14 de enero del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

Durante los primeros meses del año 2006, Alfredo Pérez Rubalcaba fue el negociador por parte del PSOE del nuevo Estatut de Catalunya. En su condición de portavoz del grupo socialista del Congreso de los Diputados, tuvo entonces ocasión de exhibir las dotes para el regate corto con los representantes del PSC, CiU y ERC. Y pese a que por aquel entonces afirmaba entre risas que él era «un españolazo», sí creía firmemente en la necesidad de dotar a Catalunya de un nuevo marco político que resolviera su encaje en España «al menos, hasta la próxima generación».

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Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 14 de enero de 2013 VER ARCHIVO (.PDF)

Los posteriores acontecimientos -en especial, la desgraciada sentencia del Tribunal Constitucional sobre ese Estatut- han hecho imposible ese deseo del ahora secretario general del PSOE. Es su generación, la de la transición, desgastada en mil batallas, incluida la de la creación del Estado de las autonomías, la que se enfrenta de nuevo al espinoso asunto catalán. Y esta vez con un planteamiento frontal del derecho de autodeterminación, con la independencia en el horizonte, y en medio de una brutal crisis económica.

Línea roja

Pues bien, el mismo Rubalcaba que hace seis años mostró cintura en sus conversaciones con Ridao, Puigcercós, Montilla y Duran ha optado ahora por establecer una línea roja en relación con el derecho a decidir. El PSOE no aceptará «nunca que una parte de España decida sobre el todo». Una postura tan contundente que deja un margen casi nulo a los socialistas catalanes, opuestos a la independencia pero partidarios de la consulta «legal, acordada y vinculante».

Consciente de que el rechazo tajante al derecho a decidir no soluciona el problema, Rubalcaba ofrece una ambiciosa reforma constitucional que mejore la financiación de Catalunya y deje nítida constancia de su singularidad. Una propuesta loable pero que tiene el pequeño inconveniente de que necesita el apoyo de la otra gran fuerza política española, el PP, que de momento no quiere ni oír hablar de una reforma de la Carta Magna del 78. La generación Rubalcaba se enfrenta así a una segunda transición, tan difícil como la anterior.

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