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La clave

Juancho Dumall

Director Adjunto

La estafa del IPC

@JuanchoDumall

Jueves, 13 de diciembre del 2012

Los últimos estudios sobre la evolución de los precios de las gasolinas confirman la sospecha de que existe en España una mesa camilla en la que las tres grandes petroleras se ponen de acuerdo para fijar cuánto tiene que pagar cada día el consumidor cuando llena el depósito. Ante esta flagrante violación del libre mercado, resulta patético el papelón del Gobierno. No solo es incapaz de regular una competencia razonable en un mercado muy importante, sino que, además, entra en el juego de las grandes corporaciones al presionarlas para que maquillen los precios a finales de noviembre y seguir haciendo la vista gorda después. Solo le falta darles las gracias.

¿Y por qué en noviembre? Sencillamente porque el índice de precios al consumo (IPC) de ese mes es el que se toma como referencia para revalorizar las pensiones. Cepsa, Repsol y British Petroleum hacen un favor al Gobierno con la bajada de precios unos días, de manera que el dato de inflación quede convenientemente reducido en unas décimas preciosas. Ni que decir tiene que los grandes paganos de este sistema perverso son los consumidores y los pensionistas.

Leyes de competencia

Semejante práctica, que viola las más elementales leyes de la competencia, serían motivo de escándalo en una democracia avanzada. Pero aquí se para el golpe con una declaración del ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, en la que lanza una inconcreta advertencia al sector y amaga con un cambio en la ley de hidrocarburos. Se trata de una respuesta insuficiente y, lo que es peor, de un capítulo más de la farsa.

A un Gobierno al que se le llena la boca hablando de la unidad de mercado, que defiende las políticas liberales frente a la peligrosa socialdemocracia, tan defensor hace solo unos meses de mantener el poder adquisitivo de las pensiones, a ese Gobierno cabe exigirle que arregle de una vez una anomalía impropia de una economía moderna como es la manipulación de los precios con los que se mide la inflación. Manejar datos oficiales erróneos a sabiendas no es solo hacerse trampas en el solitario. Es perjudicar a millones de personas.

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