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Joaquín Romero

Periodista

Los electores socialistas

@JoaqunRomero

Jueves, 25 de octubre del 2012

Tras los resultados de las elecciones de Galicia y el País Vasco del domingo pasado, todas las miradas se han dirigido al PSOE y a su crisis. Es evidente que se trata de una cuestión de primer orden, pero su fracaso quizá no sea lo único que se ha constatado en esos dos territorios, como podría parecer a la vista de lo que se ha dicho y escrito.

Ocurre algo parecido a lo que sucedió el día después de la manifestación del Onze de Setembre en Barcelona, que el aparato de propaganda de CiU apuntó al PSC, a ver qué hacían los socialistas, cuando en realidad quien tenía la pelota en su tejado era CiU y Artur Mas, que se había puesto al frente de la reclamación popular. Después, se ha visto con toda claridad que la ficha que tenía que mover el president era más trascendente y delicada que la de los socialistas.

Estos días se han dicho muchas cosas acerca de la crisis del PSOE, unas más acertadas y otras menos; bastantes interesadas --no hay otro partido con tantos cadáveres en el armario-- y algunas interesantes.

El PSOE no solo ha perdido un proyecto para los españoles --su alternativa, en palabras de Alfredo Pérez Rubalcaba--, sino que tampoco encuentra bien el encaje en las nacionalidades históricas. Pero, además, tiene el problema de su electorado, que perdona menos que otros.

El líder socialista que hasta ahora ha obtenido más votos en unas elecciones es José Luis Rodríguez Zapatero, y no lo hizo en las del 2004, sino en las del 2008, después del primer mandado. Nada menos que 11,2 millones. Es el récord en la historia de la democracia española.

La colección de errores, titubeos y ocultaciones de esa segunda legislatura causó una decepción profunda. Zapatero no cumplió su programa e hizo lo contrario de lo que había prometido, y encima no dio explicaciones. Los electores socialistas no se lo perdonan, ni a él, ni a los que le acompañaban. Por eso, en el 2011 cuatro millones de ellos --se dice pronto-- no salieron de sus casas. El PP solo ganó 600.000 votos.

Esa reacción tan drástica no es común en otros electorados. Ahí tenemos al Partido Popular gallego que, aun y con menos apoyos que en el 2009, acaba de aumentar su mayoría. Y el PP no solo hace lo que dijo que no haría, sino que niega la evidencia de lo que está haciendo ahora mismo. Pero la mayor parte de sus votantes le siguen.

A juzgar por las encuestas, a CiU le pasa algo semejante. Fue el abanderado en la aplicación de unos recortes que no figuraban en el programa con que ganó las elecciones del 2010. Negó, por ejemplo, que fuera a introducir el copago farmacéutico, y lo ha hecho por partida doble. Sin embargo, los sondeos apuntan que como mínimo mantendrá el número de escaños.

El comportamiento de los electores socialistas, que responden a las decepciones con la inhibición más que con el cambio de voto, explica que en las dos ocasiones en que el PP ha obtenido mayoría absoluta --2000 y 2011-- hayan sido las elecciones con mayor abstención, claramente por encima del 30%.

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