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Iosu de la Torre

Subdirector

Café Clooney, leche 'Mou'

@IosudelaTorre

Martes, 8 de noviembre del 2011

El periodista Quim Regàs me enseñó que para conocer el Eixample de Barcelona había que mirar al cielo para descubrir las barbaridades que permitieron los ayuntamientos franquistas de Porcioles, Masó y otros prohombres de la época. La especulación inmobiliaria eran esos añadidos de dos y hasta tres altruras que coronaban los edificios del fin del siglo XIX y principios del XX.

Pese a la cordura urbanística de los últimos decenios, ninguna autoridad se ha atrevido a peinar las azoteas. Ya no merece la pena. Y resultaría muy caro. Son la huella de un pasado para una ciudad desmemoriada en ocasiones. Ahora que el turismo nos invade por doquier y tenemos que aplaudir la avalancha porque ayuda a mitigar los efectos de las crisis, estaría bien que Turisme de Barcelona tuviera la idea de organizar un tour por el Eixample mostrando los desastres arquitectónicos que rematan la trama concebida por Cerdà. Solo es una propuesta como las ya existentes para ahondar en las calles del Call, para revivir las acciones de los anarquistas quemando iglesias o para celebrar el gótico de cartón piedra como si no conociéramos que efectivamente había poco de gótico y mucho de cartón piedra.

La ruta del porciolismo tiene enormes tartas de ladrillo, por ejemplo, en el cruce las calles de Aragó y Bailen. O en el de Sepúlveda y Urgell. Visiten el Eixample y comprueben el desastre tan hermoso.

Nunca he dejado de mirar al cielo. Lo que no descarta que siga observando a mi alrededor. Ya no está Regàs para darme consejos.

Ahora he decidido mirar escaparates. Algunos de ellos ayudan a describir en qué momento vive la ciudad. Dos ejemplos: 1) colmado de la calle de mallorca antes de llegar al Paseo de Gràcia. 2) cafetería de la calle de València, entre Llúria y Bruc. En la primera, el tendero avisa al posible comprador de que tienen unas cápsulas de café más baratas que las de George Clooney. En la segunda, el dueño del café exhibe uno de esos gatos chinos dorados que sienpre mueven la pata delantera para reírse del entrenador del Real Madrid.

Dos imágenes a pie de calle que reflejan los tiempos de ahorro que sufre la gente y la ironía popular con el personaje más odiado por el barcelonismo.

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