La derecha chilena acaba de recibir una paliza electoral. Su sueño de extender el poder más allá del 2013 se ha convertido en pesadilla. Y en la pesadilla de ese universo patriarcal aparecen tres mujeres. Carolina Tohá, la exportavoz de Michelle Bachelet y una de las ganadoras de la contienda, se proyecta en el escenario opositor con vuelo propio. Lo mismo sucede con la exdirigente estudiantil Camila Vallejo. Pero, para espanto del Gobierno, ha irrumpido otro nombre que remite a un linaje político que aún estremece: Maya Fernández Allende, nieta de Salvador Allende, es la flamante alcaldesa electa del distrito santiagueino de Nuñoa.
Ganadora 8 Maya Fernández Allende sonríe mientras desayuna en una cafetería de Santiago, ayer. EFE / FELIPE TRUEBA
Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 31 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Su victoria está cargada, naturalmente, de un potente simbolismo. Ganó por 42 votos a Pedro Sabat, un dirigente de peso de Renovación Nacional, el partido del presidente Sebastián Piñera. El escaso margen es anecdótico: una tercera generación de Allende se consolida en la vida política chilena. No es poco teniendo en cuenta que una parte de Chile sigue demonizando la figura del hombre que fue derrocado por el sangriento golpe de Estado del 11 de setiembre de 1973.
Investigación archivada
Hace meses, el Tribunal Supremo archivó la investigación judicial sobre la muerte del mandatario. La familia, que incluye a la senadora Isabel Allende y a su sobrina Maya, quiso erradicar las versiones sobre el deceso -muerte asistida, asesinato- y se constituyó en parte querellante. Un informe pericial determinó lo que siempre se supo, aunque nunca se confirmó legalmente en democracia: el Chicho se había suicidado.
Para entonces, Maya ya había decidido ser candidata a la alcaldía de Nuñoa, un distrito de clase media en ascenso de la capital. Y sucedió lo imprevisto. «Nadie esperaba que yo ganara, me tenían poca fe», dijo.
Tiene 41 años y el título de veterinaria. Al hablar, todavía le quedan modismos de su educación en La Habana. Tras el golpe de Estado, sus padres, el espía cubano Luis Fernández Oña y Beatriz Allende fueron a la isla. Beatriz, a quien se la conocía como Tati, era la hija mayor y la más politizada de las Allende. Como Ernesto Guevara, quiso ser guerrillera. Recibió entrenamiento en la mayor de las Antillas. Pero no hubo insurgencia sino estrategia electoral. Al socialismo, dijo Salvador Allende, se llegaría por la vía pacífica. Al triunfar la Unidad Popular, en 1970, se convirtió en una estrecha colaboradora del presidente. Solía estar a su izquierda en todos los asuntos. No pudo soportar la derrota de un proyecto histórico ni el exilio. Su esposo la abandonó en Cuba. Tati comenzó a sospechar que había sido seducida como parte de un plan del espionaje cubano que buscaba tener a alguien en el círculo aúlico de los Allende. Fue demasiado y, como su padre, se quitó la vida en octubre de 1977. Maya y su hermano Alejandro se quedaron solos.
Maya regresó a Chile 15 años después. Ahora es alcaldesa de Nuñoa, distrito vecino de Providencia, donde el exagente de la Dina y excustodio de Pinochet, Cristián Labbé, no logró ser reelecto.