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Votos con rémora

Los nuevos requisitospara votar en algunos estados inquietan a los demócratas

Pleito por la exigencia de un carnet de identidad

R. M. F.
CHARLOTTE

Miércoles, 5 de septiembre del 2012

Apoyo presidencial 8 Seguidores de Obama, en Charlotte, ayer.

A finales de la semana pasada, recién concluida la convención republicana en Florida, el presidente Barack Obama criticó durante un mitin en Colorado la «falta de sustancia» exhibida por sus rivales, unas palabras que sus seguidores recibieron con abucheos dirigidos a los conservadores. «No abucheéis. Votad. Esa es la mejor respuesta. Votad y decidles a vuestros amigos que salgan a votar», les dijo Obama. La escena ilustra la urgencia que se ha apoderado de los demócratas ante el déficit de entusiasmo de esta campaña y la miríada de nuevas leyes que dificultan el más elemental de los derechos democráticos.

Esas nuevas leyes han sido aprobadas en una treintena de estados, la mayoría en los dos últimos años y en territorios gobernados por los republicanos. Concebidas teóricamente para evitar el fraude electoral, los nuevos requisitos exigen a los electores registrados que presenten un documento de identidad para votar. En algunos estados debe ser un carnet con foto emitido por el Gobierno, como el de conducir. En otros basta un extracto bancario o una factura de luz.

«Me temo que podría tener un impacto significativo porque mucha gente, especialmente los pobres y los ancianos, no tiene carnet. Es una estrategia para restarnos votos», decía a este diario la delegada demócrata por Colorado Elisabeth Harris.

Trámite costoso

Según un estudio del Brennan Center, un 11% de los estadounidenses con edad para votar no tienen carnets identificativos, un trámite farragoso y a menudo costoso. Porque incluso en aquellos estados donde es gratuito obtenerlo se debe acompañar presentando un certificado de nacimiento, que cuesta 25 dólares. «Yo las definiría como una reedición de las leyes Jim Crow», dice el congresista estatal de Oregon, Lew Frederick, refiriéndose a las leyes segregacionistas que prevalecieron en el sur en los años 60. Para votar había entonces que pagar una tasa, una manera de alejar a los negros y a otras minorías de las urnas.

En la memoria de los demócratas aún pervive la sospecha de fraude electoral del 2000, que permitió al republicano George Bush arrebatarle el triunfo a Al Gore apoyándose en el pucherazo de Florida. Pero investigaciones recientes sostienen que desde entonces los casos de fraude han sido insignificantes, más provocados por errores de votantes que por estrategias concertadas. Para los demócratas no es un problema menor, porque las nuevas leyes podrían disuadir sobre todo a grupos de población que resultaron vitales para la victoria de Obama hace cuatro años, marcada por un récord de participación entre las minorías y los jóvenes.

Para afrontar los nuevos requisitos, la Administración de Obama ha impugnado algunas de esas leyes en los tribunales y la semana pasada obtuvo su primera victoria significativa. Un tribunal federal rechazó los nuevos requisitos electorales de Tejas, tras asegurar que la ley «impone barreras estrictas e imperdonables en los pobres» y señalando que los miembros de las minorías en Tejas son más susceptibles de vivir en la pobreza.

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