El verano del corralito se convirtió en una suerte de teatro de la desesperación para los argentinos. Hay situaciones que se resisten a ser olvidadas. Como la que protagonizó Norberto Roglich, el jubilado que fue a buscar con una granada en la mano los 22.217 dólares (17.939 euros) que le había confiscado el Bansud, en la localidad bonaerense de Tandil. El arma era falsa, pero tuvo la suficiente fuerza intimidatoria para que le devolvieran sus ahorros. Roglich fue condenado a dos años de prisión. Solo cumplió tareas comunitarias con discapacitados. Murió hace cuatro años.
La protesta 8 Ahorradores piden en el 2002 su dinero ante el Ministerio de Economía, en Buenos Aires. EFE / MARIANO ESPINOSA
Información publicada en la página 11 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 04 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Virginia de la Fuente, en cambio, ha vivido para contarlo todo. Su imagen ha quedado eternizada desde el 2002. En la fotografía se la ve envuelta en una bandera argentina. Con una mano sostiene la figura de la Virgen de Lourdes y con la otra una cacerola que usaba para golpear las defensas metálicas de los bancos.
El marido de De la Fuente había cobrado una indemnización y el dinero quedó atrapado en el banco. A los 58 años, su mujer salió a la calle a gritar que le devolvieran sus dólares y «que se vayan todos», banqueros y los políticos. Su hija emigró en medio del feroz desplome económico. Virginia se estableció en España con sus dos hijas. La madre no solo enfrentó la ausencia y los efectos de la confiscación. Los médicos le detectaron un cáncer de mama. «Yo iba a las marchas igual. No importaba que estuviera enferma», dijo al diario Tiempo. «Sobreviví a todo», puede decir, 10 años más tarde.
Otros no pudieron soportar el dolor. La Fundación Favaloro, especializada en cardiología, aseguró en el 2006, que unas 20.000 personas habían muerto hasta entonces debido a enfermedades del corazón nacidas tras la crisis.
Las escenas de aquel verano resultaron inenarrables a los cronistas: cacerolazos, barricadas, neumáticos en llamas, gases lacrimógenos, enfrentamientos con la policía, entre vecinos o desconocidos; calles y carreteras tomadas por los parados. Jaurías de perros abandonados por sus dueños. Un crecimiento exponencial de la pobreza.
En el 2009, el catalán Ramón Térmens filmó Negro Buenos Aires, ambientada en los tiempos de desquicio. Jordi Puigmart (Francesc Garrido), protagonista de la historia, viaja a Argentina para conseguir un contrato del Gobierno.Quiere jugar limpio, pero pronto entenderá que los escrúpulos y la moral no tienen cabida.
'Casting' de los estafados
Virginia de la Fuente hizo de extra en esa película. «Muchos de los estafados hicimos un 'casting'. Nos llevaron a la puerta de un banco y tuvimos que actuar sin libreto todo lo que habíamos vivido».
El popular cómico Eugenio Nito Artaza hizo el movimiento contrario. Víctima del corralito, por la noche trabajaba a sala llena. De día, estaba en la calle, pidiendo por sus ahorros. Artaza es hoy senador de la Unión Cívica Radical (UCR), nada menos que el partido que Gobernaba en 2001. Todavía insiste: «Los bancos deben devolverle el dinero a los argentinos. No puede ser que hayan comprado los bonos de los ahorradores a precios irrisorios y que ahora el Gobierno les esté pagando el valor original. Este es un negocio extraordinario que debemos revertir».