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LA ENCRUCIJADA EUROPEA

Ocho horas en un sofá

Rajoy abandonaba la sede del Consejo a media tarde para estirar las piernas y Merkel para comer patatas fritas en el emblemático puesto de Chez Antoine

  • Ocho horas en un sofá

    REUTERS / ROBERT-JAN BARTUNEK

    Merkel come patatas fritas en Chez Antoine, durante una pausa de la cumbre, en Bruselas.

  • Ocho horas en un sofá

    REUTERS / YVES HERMAN

    La cancillera alemana Angela Merkel abandona la sede del Consejo Europeo.

Silvia Martínez Silvia Martínez BRUSELAS

Viernes, 19 de febrero del 2016 - 20:57 CET

No hay cumbre trascendental para el futuro de Europa que no esté rodeada de mucho drama y grandes expectativas y la dedicada a negociar el encaje de Reino Unido en la Unión Europea no podía ser menos. La realidad de puertas para adentro, sin embargo, siempre es otra y al final no todos los dirigentes pintan el mismo cuadro en negociaciones de este tipo. “Es un drama y cada uno interpreta su propio papel”, resumía este viernes de nuevo una habitual en estas citas como es la presidenta de Lituania, Dalia Gribauskaite.

La mayoría de los líderes europeos, salvo los que quisieron dar batalla por uno u otro motivo, abandonaron la sede del Consejo tras la primera sesión de trabajo el jueves al filo de las tres de la madrugada. Se quedaron en escena los presidentes Donald Tusk y Jean-Claude Junker, como directores de la función, el primer ministro británico David Cameron, como actor principal interesado en reformar la UE, y el coro de voces que se sienten más afectados por los cambios que exige Londres para defender la pertenencia al club y tratar de evitar el 'Brexit': el checo Bohuslav Sobotka en nombre del grupo de Visegrado formado por República checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia, el francés François Hollande, y el belga, Charles Michel.

Son básicamente los seis actores que más han entrado en escena durante esta cumbre. De hecho, el grueso de los mandatarios europeos se vieron obligados este viernes a hacer tiempo en sus delegaciones a la espera de que Tusk convocara la reunión del Consejo Europeo. “El ambiente está caldeado entre los primeros ministros. No se puede tenerles ocho horas sentados en un sofá”, admitía un funcionario acostumbrado a pasearse por la planta noble del Consejo. De hecho, a partir de las cinco de la tarde y sin visos de convocatoria fueron muchos los que empezaron a abandonar el edificio en un goteo continuo.

Entre ellos, el presidente español, Mariano Rajoy, que se marchó andando acompañado de todo su equipo a estirar las piernas, según fuentes de Moncloa. Algo después lo hacía la canciller alemana Angela Merkel a quien una cámara indiscreta la pillaba in fragati comiendo patatas fritas en una emblemática fritería cercana a la sede del Consejo. Y, hasta François Hollande, se permitía hacia las seis de la tarde hacer un alto en la negociación para ofrecer una entrevista en la cadena francesa FranceInfo.

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