El Tribunal Electoral mexicano desechó ayer la impugnación presentada por la izquierda para declarar la nulidad de la elección presidencial y confirmó que Enrique Peña, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), será el presidente de México a partir del 1 de diciembre. Dos meses después de las elecciones, Peña fue declarado finalmente «presidente electo», en medio del largo y complejo sistema electoral. Y con manifestaciones en la calle que denunciaron incluso la «muerte de la democracia».
Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 01 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En una sesión extraordinaria protegida por la policía, los magistrados sentenciaron por unanimidad que «es infundada la demanda de invalidar la elección presentada por la coalición Movimiento Progresista». Su dictamen aseguró que «no hubo compra y coacción del voto», o que al menos la izquierda «no aportó pruebas suficientes» de ello. «Ha quedado acreditada la legitimidad del triunfo de Enrique Peña Nieto», señaló la sentencia.
En el exterior, centenares de manifestantes expresaron el repudio de la izquierda más radical, mientras el frustrado candidato Andrés Manuel López Obrador señaló que no podía «aceptar el fallo del tribunal» porque «las elecciones no fueron ni limpias ni libres ni auténticas». Y añadió: «No voy a reconocer un poder ilegítimo surgido de la compra del voto». Su excoordinador de campaña, Ricardo Monreal, tildó a los jueces de «pandilla de rufianes».
AMLO convocó a sus seguidores en el Zócalo el día 9 para «definir lo que sigue», pero adelantó sus intenciones: «La desobediencia civil es un honroso deber cuando se aplica contra los ladrones de la esperanza». El movimiento de indignados YoSoy132 celebró por la noche una «marcha fúnebre para declarar la muerte de la democracia».