Con la urgencia de las primeras cifras, la tragedia en el campo de fútbol en Port Said nos devolvió a la memoria de Heyssel. El enfrentamiento entre aficiones rivales en Egipto se pone a la cabeza de las peores ocurridas jamás en un estadio deportivo pero manifiesta, también, la extrema precariedad de la seguridad en el país.
Información publicada en la página 13 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 04 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La violencia en el fútbol no es única ni exclusiva de Egipto, pero el relato de Port Said, más que a Heyssel, empieza a parecerse a la lucha cruenta entre Honduras y El Salvador que a finales de los 60, con motivo de una serie de partidos entre ambas selecciones, Kapuscinski acabó bautizando como La guerra del fútbol.
Hace tiempo que en los estadios egipcios hay mucho más que competición o espectáculo. Los estadios de fútbol son espacios de reunión naturales y la frontera entre la política y el fútbol empieza a resultar imperceptible.
En una atmósfera de rivalidad brutal entre aficionados de Port Said y de El Cairo, la crónica de esta tragedia estaba anunciada.
En tiempos de Hosni Mubarak, en este estadio ya se habían producido numerosos episodios de violencia dirigidos tanto a la afición rival como a las fuerzas de seguridad. Incluso con un nuevo Parlamento y elecciones presidenciales en el horizonte, los ultras de Port Said siguen estando al frente de las protestas y el descontento.
Un equilibrio precario
Ahora el poder en Egipto se reparte entre el Ejército, el Parlamento de mayoría islámica y la calle. Ninguno de ellos puede ignorar la fuerza del otro, y aunque ninguno está satisfecho con la situación actual, el desorden y la anarquía siguen siendo el salvavidas para que los militares se presenten como indispensables en este equilibrio tan precario.
No sabemos si los generales egipcios han utilizado la crónica de Kapuscinski como un manual de salvamento. La guerra del fútbol entre El Salvador y Honduras, que duró solo 100 horas pero con miles de víctimas, aseguró el poder militar durante años. En Egipto la violencia continúa y todo apunta a que la primavera revolucionaria está descubriendo su invierno más duro.