El Periódico

Terremoto político en EEUU por la inesperada muerte del juez más conservador del Supremo

Obama buscará un sustituto para Antonin Scalia pero los republicanos prometen frenar la confirmación

El fallecimiento del magistrado, de 79 años, acaba con la mayoría conservadora de las últimas décadas

La bandera de Estados Unidos ondea a media asta en la fachada de la Corte Suprema, en la capital, Washington, en homenaje por la muerte del juez Antonin Scalia.

EFE / VÍDEO: ATLAS

La bandera de Estados Unidos ondea a media asta en la fachada de la Corte Suprema, en la capital, Washington, en homenaje por la muerte del juez Antonin Scalia.

IDOYA NOAIN / NUEVA YORK

Domingo, 14 de febrero del 2016 - 10:31 CET

Si las elecciones de Estados Unidos no eran suficientemente intensas, con la Casa Blanca y el Congreso en juego, se complican aún más con la muerte inesperada de Antonin Scalia, el juez más conservador del Tribunal Supremo. Su fallecimiento aparentemente por causas naturales a los 79 años la noche del viernes al sábado en un rancho de Tejas provoca un auténtico terremoto político  y aunque el presidente, Barack Obama, ha prometido nominar a un sustituto y ha pedido al Senado "cumplir su responsabilidad" y votar, los republicanos, que controlan la Cámara, ya han propuesto que sea el próximo presidente quien elija al sucesor y anuncian que frustarán la confirmación.

Es imposible minimizar la trascendencia de la muerte de Scalia, que llegó al Alto Tribunal en 1986 nominado por Ronald Reagan y desde entonces ha sido la voz de referencia de los conservadores. Y es que los jueces del Supremo tienen un cargo vitalicio, lo que extiende el efecto de sus decisiones mucho más allá del mandato del presidente que les elige. Pese a la división de poderes, además, el órgano judicial es en muchas ocasiones el más determinante. En EEUU ha sido, por ejemplo, el que acabó con la segregación racial, aprobó el aborto o, más recientemente, el matrimonio homosexual.

En las últimas décadas, y hasta la muerte de Scalia, el Supremo ha estado dominado por una mayoría conservadora de cinco jueces frente a cuatro progresistas, aunque uno de los conservadores, Anthony Kennedy, oscila entre los dos, y por eso la sustitución puede alterar el equilibrio ideológico del Alto Tribunal y escorarlo hacia la mayoría progresista. El próximo presidente de EEUU podría reforzar o desmontar ese reequilibrio, pues para cuando entre un sucesor de Obama en la Casa Blanca otros tres magistrados del Supremo rondarán o superararán los 80 años. 

GUERRA POLÍTICA

La batalla que se avecina es monumental y aunque en una breve declaración el sábado Obama recordó que "los temas en juego son mayores que cualquiera de los partidos", no le debe quedar ninguna duda de que los republicanos van a hacer todo lo posible para impedir que nombre a un juez demócrata. Basta ver la declaración que hizo justo tras conocerse la noticia Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado: "El pueblo estadounidense debería tener una voz en la selección. La vacante no debería llenarse hasta que tengamos nuevo presidente".

La guerra política va a pesar indudablemente más que la judicial, aunque dejar vacante la plaza de Scalia como quieren los republicanos pone en juego el potencial empate en los votos de las decisiones este año, lo que en la práctica anula los casos que se decidan así (se mantiene la decisión del tribunal inferior pero no se convierte en precedente legal). Y eso que entre los casos que el Supremo debe decidir los hay relacionados con la discriminación positiva, la inmigración, el aborto y la reforma sanitaria de Obama, la cobertura de los anticonceptivos y la libertad religiosa.

Con Scalia (nacido en Nueva Jersey, de origen italiano y católico y con nueve hijos) los conservadores pierden a un totem, uno de los jueces más influyentes de la historia del país, reconocido como "brillante" incluso por sus opositores ideológicos y el hombre que volvió a dar vida al "originalismo", la corriente que propugna aferrarse al texto original de la Constitución en vez de interpretarla como algo "vivo" que puede ir adaptándose a los tiempos.

Los candidatos republicanos, contra Obama

Hubo guerra el sábado por la noche en el Peace Center de Greenville (Carolina del Sur), donde los seis candidatos republicanos celebraron un feroz y agresivo debate, pero hubo algo en lo que Donald Trump, Ted Cruz, Marco Rubio y Jeb Bush mostraron su acuerdo, reiterado en las entrevistas con programas dominicales: quieren que Barack Obama deje para el próximo presidente la selección del juez que debe llenar la vacante de Antonin Scalia en el Supremo y que, en caso de que el presidente siga adelante con su intención de anunciar un nominado, el Senado bloquee la confirmación.

En palabras de Trump la estrategia es simple: “postergar, postergar y postergar” el voto en la Cámara. Las de Rubio, mientras, suenan a amenaza. “El Senado no va confirmar a nadie”, ha dicho el senador, que defiende como Scalia una visión “originalista” de la Constitución y apuesta por una moratoria en el nombramiento “teniendo en cuenta que se trata de un cargo vitalicio”.

Cruz, por su parte, ha anunciado que “absolutamente” tratará de bloquear a cualquier nominado y ha pedido “hacer de las elecciones del 2016 un referéndum sobre el Supremo. La segunda enmienda (que regula el derecho a portar armas), la vida, el matrimonio y la libertad religiosa penden de un hilo”, alerta el senador tejano.

Bush, mientras, ha declarado que “el Senado no debe confirmar” al nominado de Obama”, adelantando que el elegido será “inevitablemente progresista” y John Kasich ha pedido que se posponga la selección, aunque intuye que Obama no la retrasará y que el Senado no confirmará al elegido. “Sabemos cómo están de polarizadas las cosas y lo que no quiero es ver más pelea y más recriminación, pero es justamente lo que vamos a ver”, ha dicho el gobernador de Ohio.

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