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LA NUEVA ADMINISTRACIÓN ESTADOUNIDENSE

Sin inmigrantes, un país a medio gas

Una huelga contra las políticas inmigratorias de Trump cierra restaurantes, colegios y comercios en EEUU

Sin inmigrantes, un país a medio gas

AFP / MANDEL NGAN

Una mujer pasa junto a un restaurante cerrado por el Día sin Inmigrantes, en Washington, este jueves.

Jueves, 16 de febrero del 2017 - 21:38 CET

“Los inmigrantes son la columna vertebral de la industria de la restauración y son absolutamente esenciales para nuestras operaciones diarias”, se lee en la puerta del restaurante Red Apron de Washington. “Apoyamos a nuestros empleados, así como a los miles de trabajadores de otros restaurantes de la región que están ejerciendo su derecho a la protesta y a la asamblea pacífica este jueves”. Carteles similares cuelgan este jueves de muchos establecimientos de Estados Unidos, donde cientos de comercios, colegios y restaurantes se han sumado a la huelga convocada para protestar contra las políticas inmigratorias de Donald Trump. No ha sido más que un aperitivo secundado parcialmente, pero el país ha podido hacerse una idea de qué sería de su economía sin los inmigrantes.

El llamamiento surgió en las redes sociales y ha tenido repercusión en ciudades como Filadelfia, Houston, Phoenix, Washington o Minneapolis. “Un día sin inmigrantes”, proponía el pasquín, que no solo llamaba a ausentarse del trabajo o a cerrar negocios, sino también a boicotear las compras, no poner gasolina o a dejar a los niños en casa. “Señor presidente, sin nosotros y nuestra aportación este país se paraliza”, decía el cartel llamando a la huelga. Solo en la capital han cerrado medio centenar de restaurantes y otros muchos operan a medio gas. En el comedor del Senado las horas de apertura se han reducido y cadenas como Sweetgreen han secundado completamente la protesta.

En Merzi, un restaurante de comida rápida india, cinco de sus 14 trabajadores no se han presentado. Cuatro son hispanos y el otro, etíope. “Les dijimos que podían tomarse el día libre porque la empresa apoya la huelga, es una protesta necesaria”, explica el director de operaciones, Ricky Dobbs. “Este país funciona en parte gracias a los inmigrantes, así ha sido desde el principio de nuestra historia. La Administración de Trump los está utilizando como chivo expiatorio, que es una manera muy simplista de abordar un problema complejo”. A la protesta también se ha sumado el conocido chef español José Andrés, que ha cerrado la mitad de sus restaurantes en la región de Washington.

“La comunidad latina está asustada, hay mucha confusión”, dice Rubén García, el director de creatividad de Think Food Group, la empresa que gestiona los restaurantes de Andrés. “El mensaje de Trump es muy agresivo y hostil hacia los inmigrantes”, añade este español que acaba de obtener la ciudadanía estadounidense. Esa hostilidad fue uno de los ejes de la campaña del nuevo presidente, que poco después de llegar al poder firmó decretos para construir el muro en la frontera de México y para secar la financiación a las llamadas ciudades santuario, las urbes que protegen a los inmigrantes y se niegan a cooperar con las autoridades federales para deportar a los indocumentados. Más tarde trató sin éxito de cerrar las fronteras a los refugiados y los viajeros de siete países musulmanes.

INQUIETUD TRAS LAS REDADAS

Las redadas de los últimos días no han hecho más que acrecentar esa inquietud. Los rumores abundan y también las historias de niñeras o empleadas domésticas que llaman llorando para decir que no irán a trabajar porque han oído que se prepara una batida en su barrio para arrestar a inmigrantes. Algunas de las cosas que están pasando son poco habituales. Esta semana, una mexicana sin papeles fue detenida en un juzgado de Tejas al que acudió para solicitar una orden de alejamiento contra su novio por maltrato. “Esto tiene un increíble efecto intimidatorio para todas las víctimas de algún crimen que no tienen papeles”, ha dicho la fiscal del condado de El Paso, Anne Bernal.

Trump ha acusado a los indocumentados de quitar el empleo a los estadounidenses, depreciar los salarios y ser una fuente de la criminalidad. Pero distintos estudios sugieren que unos y otros son esenciales para la economía de EEUU. El Pew Research estimó hace un par de años que el país emplea a 8,4 millones de simpapeles, que representan el 5.4% de la fuerza laboral. Industrias como la agricultura, la producción alimentaria, los servicios de limpieza o los restaurantes prácticamente se paralizarían sin ellos. Solo en el campo representan entre el 53% y el 70% de la mano de obra, según la fuente, y los precios de la leche aumentarían un 61% si la industria se quedara sin inmigrantes, según la Federación Nacional de Productores de Leche.

IMPUESTOS Y CONSUMO

Los detractores de los inmigrantes suelen esgrimir que el coste que suponen por los servicios que reciben es mayor que los beneficios que aportan con sus impuestos y su consumo. Pero un estudio del 2007 de la Oficina Presupuestaria del Congreso contradice esa idea. “Durante las últimas dos décadas, la mayoría de esfuerzos para estimar el impacto fiscal de la inmigración han concluido que, a largo plazo y en términos agregados, los ingresos por la tributación de todas las categorías de inmigrantes, tanto legales como ilegales, exceden los costes de los servicios que reciben”.

El paro no solo se ha notado en comercios y restaurantes. En la capital, han cerrado algunos colegios concertados. Uno de ellos, el Latin American Montessori, mandó una circular a los padres justificando la medida por la cantidad de profesores que pensaban sumarse a la huelga. “Me parece bien la protesta, pero creo que tendría que centrarse en sectores que afecten directamente a Trump y su Gobierno porque al final somos los padres los damnificados”, dice Sara Herranz, la madre de uno de esos niños.

De lo que no hay duda es que la inquietud se ha instalado en muchas comunidades del país. “Hay un miedo terrible a que se aceleren las deportaciones porque muchas familias tienen miembros en situación irregular”, dice Jorge González, un obrero salvadoreño que se ha presentado en el trabajo, pero ha ejercido su derecho a no trabajar. “Esta gente nos necesita para muchas cosas y es necesario que se lo recordemos”.

Tuve la oportunidad de ver in situ el trabajo de Juan Carlos Unzué en el Numancia y su entrega a la profesión es máxima.