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La carrera hacia el Elíseo

Sarkozy desafía el poder de los sindicatos

Marine Le Pen dice que votará en blanco e insta a sus electores a «seguir su conciencia»

El presidente pide patriotismo a los agentes sociales en un multitudinario mitin

Miércoles, 2 de mayo del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ELIANNE ROS
PARÍS

Nunca antes un presidente de la República francesa había desafiado a los sindicatos en tales términos. A cinco días de la segunda vuelta de las presidenciales, Nicolas Sarkozy convocó ayer en la plaza de Trocadero de París su propia fiesta del trabajo, que opuso abiertamente a la movilización de los sindicatos. «Ellos desfilan con la bandera roja, nosotros con la tricolor. Deponed la bandera roja y servid a Francia», espetó los agentes sociales, que acusaron al jefe del Estado de intentar «secuestrar» el Primero de Mayo y convirtieron su desfile en una manifestación antisarkozista.

Sarkozy pronuncia un discurso en la plaza de Trocadero de París, ayer. AFP / ERIC FEFERBERG

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Información publicada en la página 16 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 02 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

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Muchos dirigentes de la izquierda participaron en la multitudinaria marcha sindical de la capital, pero no François Hollande, quien acusó al presidente de provocar una «batalla del Primero de Mayo contra los sindicatos». Con los sondeos tozudamente inclinados a su favor -desde hace meses le dan como claro vencedor- el candidato socialista optó por alejarse del escenario de la contienda para rendir homenaje al exprimer ministro socialista Pierre Berégovoy -se suicidó hace 19 años- en Nevers, en la región de Borgoña. Desde allí, reprochó a Sarkozy que se arrogue «el valor del trabajo» y que «ceda de nuevo a la tentación de enfrentar a unos contra otros». Mientras los dirigentes de los principales sindicatos se pronunciaron duramente contra el jefe del Estado, Hollande les rindió tributo rechazando la idea de Sarkozy de que no están al servicio de los asalariados y del «verdadero trabajo».

Ante miles de seguidores

-200.000, según la organización- que acudieron a su mitin al aire libre, Sarkozy se presentó como defensor de «un nuevo modelo social francés», en el que «el triunfo no sea considerado sospechoso sino como un ejemplo». «No queremos celos, amargura, lucha de clases, no queremos el socialismo. Vuestro papel no es hacer política sino defender a los trabajadores», clamó el presidente a los agentes sociales descargando unos cuantos decibelios sobre una jornada de alta tensión en la que, por primera vez en toda la campaña, la primavera hizo acto de presencia luciendo un cielo despejado y una temperatura clemente.

VOTO BLANCO DE LE PEN / Antes de que Sarkozy librara su pulso a los sindicatos ante un público más burgués que trabajador, la líder de la ultraderecha, Marine Le Pen, cumplió su promesa de orientar la votación de los 6,4 millones de electores que la apoyaron en la primera vuelta. Aunque formalmente no dio una consigna -«votad según vuestra conciencia», dijo- sí anunció que su sufragio será en blanco.

Poco sensible al cortejo de Sarkozy, cuyo espacio político desea conquistar, optó por desmarcarse del duelo entre la derecha y la izquierda. «No podemos esperar nada de Sarkozy ni de Hollande, ambos ofrecen falsas esperanzas a las élites que defienden sus propios intereses», declaró en la tradicional concentración de su partido, el Frente Nacional, que cada Primero de Mayo convoca su propio desfile en homenaje a Juana de Arco. A diferencia de otros años, esta vez lo hizo en pleno centro de París, en la plaza de la Ópera, ante unos cuantos miles de fervientes seguidores.

«No tenemos ninguna lección que recibir, somos nacionalistas y patriotas», proclamó la candidata, que llamó a votar en las legislativas de junio al «reagrupamiento azul Marine». Este parece que será el nombre bajo el que se presentará la ultraderecha a estos comicios, en los que su objetivo es entrar en el Parlamento y pasar página a la etapa del patriarca y fundador del Frente Nacional, Jean Marie Le Pen. Su hija Marine quiere culminar así el proceso de desdiabolización de la extrema derecha para convertirla en una formación con aspiraciones de Gobierno. Para ello, su mejor escenario es una derrota de Sarkozy, al que ridiculiza tanto o más que a Hollande. «El domingo no se elige al nuevo presidente de la República sino a un simple empleado del Banco Central Europeo», se mofó.

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