Sería ingenuo pensar que la imposición de nuevas sanciones contra Siria o el aislamiento absoluto de Bashar el Asad en los foros internacionales bastarían para acabar con un régimen que lucha por su supervivencia y del que podría depender la suerte de dos millones de alauís, una comunidad acostumbrada a sufrir históricamente la marginación del poder central, como les sucede a los chiís del Líbano. Pero las pocas opciones que había para encontrar una solución negociada al conflicto se cerraron ayer en el Consejo de Seguridad de la ONU. Rusia y China volvieron a imponer su poder de veto contra la resolución presentada por las potencias occidentales.
Varios neumáticos arden en Damasco (izq). Debajo, Asad y el nuevo ministro de Defensa. A la derecha, un rebelde muerto en Deraa. REUTERS / SANA
Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 20 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La resolución pretendía otorgar a la ONU los instrumentos de presión necesarios para que las dos partes del conflicto sirio se tomen mínimamente en serio el plan de paz de su enviado a la región, Kofi Annan. O lo que es lo mismo, ponía a su disposición la amenaza de sanciones para obligar al régimen y los rebeldes a detener los combates y retirar su arsenal de las calles como paso previo al inicio de un proceso político.
Pero Rusia y China vetaron la resolución, la tercera desde que comenzó la revuelta prodemocrática, afirmando que hubiera abierto la puerta a una intervención militar extranjera o propiciado el agravamiento del conflicto.
Como todos los actores involucrados en el avispero sirio, rusos y chinos no están haciendo más que preservar sus intereses nacionales, con tanto cinismo como hace EEUU o Europa en el conflicto palestino-israelí. «Asad no abandonará por sí mismo y nuestros socios occidentales no saben qué hacer al respecto», dijo el miércoles el canciller ruso, Serguéi Lavrov. La pregunta es qué puede hacer ahora Occidente.
«UN DÍA NEGRO» / De momento, poco más que expresar su frustración. «El consejo ha fracasado profundamente. Este es otro día negro en Turtle Bay», dijo la embajadora de EEUU en la ONU, Susan Rice, refiriéndose al barrio neoyorkino que alberga la sede de la organización. Rice añadió que su país intensificará las gestiones con sus aliados fuera del consejo para «presionar a Asad».
Hasta ahora Washington se ha limitado a asesorar a los rebeldes y darles ayuda logística y ha dejado en manos de Catar y Arabia Saudí la misión de armarlos. Sobre la mesa tiene varias opciones, desde crear zonas de seguridad en la frontera para acoger a los refugiados a armar a los rebeldes, porque la intervención unilateral parece de momento descartada. La duda más inminente, sin embargo, pasa por saber si la ONU renovará la misión de sus observadores. Tiene de margen hasta hoy para hacerlo aunque su efectividad ha sido totalmente nula.