Ségolène Royal ha roto finalmente su silencio. “No quise reaccionar en caliente, porque el golpe era demasiado violento, eso no significa que no esté mortificada, no soy un robot”, ha declarado la candidata socialista por la circunscripción de La Rochelle y excompañera de François Hollande en relación al tuit de la primera dama, Valerie Trierweiler, apoyando a su rival, el disidente Olivier Falorni. Una encuesta otorga a Falorni una amplia victoria en las elecciones legislativas del próximo domingo.
En una entrevista a Liberation, la madre de los cuatro hijos de Hollande se considera víctima de una “traición intolerable” y de una “operación de deshonor político” por parte de Falorni, una parte del aparato socialista ¿La Rochelle es un feudo del antiguo primer ministro Lionel Jospin, que la detesta- y de la derecha. Y recuerda quién es la candidata legitimada por el jefe del Estado: “Como política, pido ser respetada igual que debe ser respetado el apoyo político que me aporta el presidente de la República en tanto que única candidata de la mayoría presidencial”.
Pese a haberse comprometido a no tomar parte en la campaña de las legislativas, Hollande ha hecho una excepción con Royal -que aspira a ocupar la presidencia del Parlamento- haciendo público un mensaje de apoyo. Un gesto excesivo para el gusto de Trierweiler. “Has tomado posición a favor de Royal sin decirmelo, vas a ver de lo que soy capaz”, advirtió al presidente una hora antes de lanzar su demoledor tuit, según cuenta la periodista Anna Cabana en Le Point.
Con su boicot a Royal, la primera dama ha sacado a la luz su rivalidad con la que fuera candidata a las presidenciales del 2007 y pareja de Hollande durante 30 años. “Pido respeto hacia una madre de familia cuyos hijos escuchan lo que se dice¿”, ha implorado Royal ante las cámaras durante una reunión con electores.
Además de perjudicar la imagen del presidente, objeto de todo tipo de chanzas y presentado en los guiñoles de Canal Plus como un calzonazos bobalicón incapaz de contradecir a su autoritaria novia, Trierweiler se ha ganado una buena bronca por parte de la cúpula del partido y del Gobierno. Después de que el primer ministro, Jean Marc Ayrault la llamara a mantener un “papel discreto” la primera secretaria del PS, Martine Aubry, y el ministro de Trabajo e íntimo de Hollande, Michel Sapin, la conminaron a cerrar la boca y su cuenta en Twitter.
El episodio ha reabierto también el debate sobre el conflicto de intereses que plantea el empeño de Trierweiler de seguir ejerciendo de periodista en París Match y al mismo tiempo tener un gabinete de colaboradores ¿al que no ha renunciado- en el Elíseo. “Tendrá que elegir”, concluyen los medios franceses.