Mitt Romney ha definido la decisión que los estadounidenses tomarán en las urnas el 6 de noviembre como una «elección fundamental», no solo entre su nombre y el del presidente, Barack Obama, sino «sobre el tipo de América que los americanos quieren tener». Lo que no ha logrado aún, según indican las encuestas, es perfilar claramente para los ciudadanos cuál es su propuesta presidencial más allá del frontal rechazo a todas las políticas de Obama. Y para lograr esa definición se plantea cada vez como más clave una decisión inminente: a quién escoge el exgobernador de Massachusetts en su ticket como candidato a vicepresidente.
El candidato republicano a la presidencia de EEUU, Mitt Romney, en un acto electoral el miércoles en Iowa. AFP / JUSTIN SULLIVAN
Información publicada en la página 10 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 11 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La lista de potenciales nombres para ese número dos se ha ido reduciendo en las últimas semanas y días, dejando como principales favoritos al senador de Ohio Rob Portman, al representante de Wisconsin Paul Ryan, al exgobernador de Minnesota Tim Pawlenty y al senador de Florida Marco Rubio. Y esos cuatro nombres, a la vez que alejan fantasmas como la desastrosa elección de John McCain de Sarah Palin en el 2008, esconden el dilema y la trascendencia de la selección: ¿Optará Romney por un político consumado, efectivo y moderado como Portman o Pawlenty o escuchará las opiniones más conservadoras que le urgen a arriesgar con hombres como el de Ryan?
LA ADVERTENCIA CONSERVADORA / El aspirante republicano está sufriendo más presiones para decantarse por la segunda opción. Cuando el Tea Party y el ala más a la derecha del partido devolvieron a los republicanos la mayoría en la Cámara Baja en las legislativas del 2010, lo hicieron con un mensaje: ponían fin al castigo que impusieron en el 2006 por desatar el gasto público, pero lo hacían alertando de que quieren políticos y acciones que respondan a su dogma de reducción del papel y el tamaño del Gobierno y el control de déficit y deuda.
Para esos conservadores el favorito es Ryan, presidente del Comité de Presupuestos de la Cámara Baja, autor de la propuesta de cuentas más antágonica a la de Obama, dispuesto a atacar el sistema público de salud y defendido en un contundente editorial de The Wall Street Journal como quien «ejemplifica mejor lo que está en juego en estas elecciones».
Ahí cobran fuerza también nombres como Rubio, que podría abrir a Romney la puerta al voto hispano; el de la senadora de Nuevo Hampshire Kelly Ayotte, que le podría dar un necesitado impulso entre las mujeres, o el del gobernador de Nueva Jersey Chris Christie, duro con los sindicatos y uno de los críticos de las políticas menos conservadoras de George Bush.
En el partido, no obstante, hay otras voces que creen que Romney debería optar por la elección más cautelosa de alguien menos conflictivo, lo que le ayudaría a evitar ataques demócratas y le permitiría centrarse en un discurso económico.
Ahí gana enteros alguien como Portman, favorito de pesos pesados como Dick Cheney, aunque su condición de insider de Washington y su trabajo con Bush en la oficina de presupuesto justo en las épocas de gasto desatado le restan puntos entre la base más conservadora.
APASIONAR, EL RETO / Sin duda, esa base votará sí o sí a Romney en el duelo con Obama. La cuestión es, como le decía a The New York Times John Brabender, estratega jefe de Rick Santorum, «si van a hacer 10 llamadas a sus amigos y familiares porque se apasionan. Ese va a ser un reto».
La selección de Romney es inminente. Prometió anunciarla antes de la convención del 27 en Tampa (Florida) y se espera en cualquier momento, ahora que empieza una gira que le lleva hoy a Virginia (de donde proviene otro potencial número 2, el gobernador Bob McDonell), el lunes a Florida (donde le acompañara Rubio) y el martes a Ohio (donde estará con Portman). Todos son estados bisagra y un nombre nativo en el ticket puede ser determinante si el duelo entre Obama y Romney es, como se anticipa, muy ajustado.