El Periódico

Llegan los Stones, terremoto en La Habana

Sus satánicas majestades aterrizan en la ciudad donde este viernes ofrecen un esperado concierto gratuito al aire libre

"Lloraré porque nos demorara tanta belleza", dice el productor musical Enrique Carballea

Llegan los Stones, terremoto en La Habana

EFE/ALEJANDRO ERNESTO

Los Rolling Stones a su llegada a La Habana.

IDOYA NOAIN / LA HABANA (ENVIADA ESPECIAL)

Jueves, 24 de marzo del 2016 - 20:47 CET

Enrique Carballea sabe que va a llorar este viernes en la Ciudad Deportiva de La Habana, “por los amigos, por los amores, por el tiempo, porque nos demorara tanta belleza”. Él es uno de los varios cientos de miles de cubanos que se esperan este viernes en el barrio del Cerro de la capital de Cuba, donde se ultiman los preparativos para un macroconcierto de los Rolling Stones al aire libre y gratuito, un auténtico acontecimiento histórico. Se espera con tal anticipación que hace sentir que Barack Obama, protagonista de la otra histórica visita esta semana, era un mero telonero.

Anuncio en la web oficial de los Rolling de su concierto en La Habana.

“No estuve más de 50 años esperando al presidente de Estados Unidos”, explica Carballea, un destacado productor musical que ha trabajado y trabaja con nombres claves de la música cubana que incluyen a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Chucho Valdés, Interactivo y Arte Vivo, la primera banda de rock sinfónico que se formó en Cuba en los años 70. “Esto sí va a ser el parteaguas del cerebro de muchas personas de este país, va a ser telúrico del sistema social cubano”, añade.

No exagera. Cuba es un país donde ha existido un concepto como el “diversionismo ideológico” para justificar prohibiciones más o menos abiertas y donde se vivió el “quinquenio gris” de 1971 a 1975, cuando estrategias y normas burocráticas para dictar cómo debía producirse la cultura en Cuba marginó a intelectuales, artistas y también al idioma inglés. Y es también una nación sometida por EEUU desde 1962 a un embargo económico y comercial que hasta hace poco ha hecho imposible que una empresa como AEG, la promotora estadounidense de los Rolling, llevara a sus estrellas a la isla.

JAGGER, ENAMORADO DE LA ISLA

Pero ahora han llegado, cinco meses después de que Mick Jagger visitara Cuba y se enamorara de la isla y se pusieran en marcha complejas negociaciones que han dado fruto. “Cuba no pone ningún recurso económico y los Stones pagan todo pero el principal problema era la infraestructura y dónde celebrar el concierto”, cuenta Michel Hernández, el crítico musical del diario 'Granma' que dio al mundo la exclusiva del viaje privado de Jagger.

Hernández maneja con soltura los datos que demuestran lo imponente del despliegue: los 61 contenedores que han llegado en los últimos días, un Boeing que aterrizó el martes, las siete pantallas y los ocho repetidores de sonido, el sistema de audio totalmente nuevo, los cinco millones de dólares que se calcula que cuesta todo... Pero sabe que el simbolismo de este concierto, “para los Stones y para los cubanos”, es mucho más que lo que pueden dar los números. “A muchos les va a permitir saldar deudas con su juventud, con sus afectos”, explica.

No es solo cuestión de la gente que, como Carballea, se las ingeniaba hace décadas para escuchar la música prohibida, usando la radio corta de su padre para oír clandestinamente la radio de Miami WQAM, robándole tres cajetillas de tabaco para dárselas a un marinero que llegaba de Japón a cambio de una edición en japonés del 'Aftermath' de los Stones o haciéndose con las copias piratas que los siempre resolutivos e imaginativos cubanos hacían con placas de aluminio y una pasta de plástico antes de que empezaran a correr los cassettes.

"UN IMPACTO ESPECTACULAR"

El concierto de sus satánicas majestades es también una cita trascendental para otros fans del rock más jóvenes en la isla que siguen teniendo dificultades para encontrar su género (hay un programa de radio que se emite a las nueve de la mañana y uno de televisión). Y entre ellos se cuenta David Rico, un ilustrador y músico de 33 años que canta en Aire Libre, una banda que hace versiones de rock y que el miércoles incluyó en su repertorio en el bar 'El submarino amarillo', 'Satisfaction' y 'Brown Suga'r. “El impacto de este concierto es desde todo punto de vista espectacular”, decía en un descanso de su actuación.

En una isla donde el dominio actual del reaggeton amenaza con fagocitarlo todo, el concierto es incluso fundamental para quienes prefieren otros géneros, como la electrónica o el hip hop. “Los Rolling no me gustan, son unos vejestorios, pero por supuesto iré al concierto porque no tenemos muchas oportunidades así”, decía un adolescente de 16 años que el miércoles iba en un autobús viendo con un amigo en el móvil un vídeo del rapero estadoundiense Wiz Khalifa.

Descargarse ese vídeo, como cualquier archivo en Cuba, había sido para el muchacho cuestión de paciencia y de dinero porque Cuba tiene una de las peores y más pobres redes y una de conexiones más prohibitivas (a dos euros por hora). Y por eso los conciertos en vivo cobran aún más trascendencia. Lo dice Carballea: “La gente lo ve todo a través de una pantalla y está ávida del directo”.

Ha habido ya algunos que han demostrado esa avidez, como el de Audioslave en 2005 o este mismo mes el Diplo y Major Lazer, una explosión de electrónica que congregó a más de un cuarto de millón de personas en el Malecón. Pero muchos intuyen que las cosas empezarán a cambiar aún más tras la visita de los Stones y Hernández, el periodista de Granma, explica que se rumorean ya próximos conciertos de U2 y Paul McCartney.

De momento, no obstante, queda el regalo de ver gratis a Mick Jagger, Keith Richards,Charlie Watts y Ronnie Wood en una cita bautizada como 'el concierto de la Amistad' que será grabada y retransmitida en una fecha aún no determinada por la televisión cubana. Las autoridades han prohibido el consumo de alcohol en el concierto y habrá pocos humos porque, como explica un consumidor de marihuana, “está imposible encontrar nada estos días en La Habana por la visita de Obama y porque además aquí la gente no consume en público”. Pero habrá rock and roll. Y bailes. E historia. Y lágrimas.

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