La crisis económica ha ido barriendo a cada uno de los líderes europeos que han tenido que defender su gestión en las urnas, y esa ola de descontento amenaza ahora con llevarse a la mayor pieza del puzle. Las últimas encuestas en EEUU reflejan prácticamente un empate técnico entre el presidente Barack Obama y su rival republicano Mitt Romney a solo cinco meses de las elecciones. Un panorama nebuloso sin indicios de despejarse, ya que la economía estadounidense vuelve a arrojar signos de estancamiento tras un final de año prometedor.
Información publicada en la página 18 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 06 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Obama se está esforzando por equiparar el programa de Romney con las mismas políticas que abocaron al país a la crisis económica. En sus discursos cuestiona los pobres resultados de su rival en la creación de empleo durante su época de gobernador de Massachusetts y subraya que el objetivo prioritario de Bain Capital, la empresa a la que Romney dedicó cerca de 20 años, no era salvar empleos sino maximizar los beneficios de sus inversores. Pero su mensaje no está dando los resultados esperados. En las últimas encuestas nacionales, Obama le aventaja solo en 1,6 puntos de media.
Especialmente apretada se presenta la batalla en los estados bisagra. En Iowa, donde Obama se impuso a McCain por más de 9 puntos hace cuatro años, las encuestas dan un empate. Romney lidera mínimamente Florida, mientras Obama disfruta de una ligera ventaja en Virginia, Colorado, Nevada, Ohio o Wisconsin. Pero quedan muchos meses por delante y las perspectivas económicas no son las mejores.
El paro subió en mayo una décima hasta el 8,2%, cuando ningún presidente ha sido reelegido con un desempleo superior al 7%. China e India se frenan, y «la sombra» de la crisis europea «se empieza a proyectar» sobre EEUU, en palabras de Obama. Especialmente sobre sus exportaciones, que se están encareciendo por la apreciación del dólar.
Un anticipo de la batalla de noviembre se vivió ayer en Wisconsin, donde el gobernador republicano del estado, Scott Walker, se jugaba el cargo en una reedición de las elecciones del 2010, forzada por un moción popular de censura. El resultado servirá de termómetro en un estado en que los demócratas se movilizaron para frenar las medidas antisindicales de Walker.
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