Será por esa actitud reservada y poco dada a expresar sus verdaderas intenciones de la que hablan todos los que le han tratado durante su larga carrera política, pero el caso es que ayer era casi imposible saber lo que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, quería defender en el Consejo Europeo, más allá de que se aprueben medidas para «resolver los problemas de sostenibilidad de la deuda pública».
Información publicada en la página 14 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 29 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La sorpresa llegó a la medianoche, cuando el Ejecutivo confirmó que se sumaba a la medida de presión de Italia y vetaba la aprobación del plan de crecimiento hasta que no se tomaran medidas para aliviar la presión de los mercados. «Queremos un plan global pero lo que necesitamos es oxígeno a corto plazo», dijo una portavoz de Rajoy.
El jefe del Ejecutivo se dejó ver en Bruselas pasada la una de la tarde. A esa hora (el último de todos) llegó a la reunión de los dirigentes del Partido Popular Europeo, donde reeditó el llamamiento casi desesperado que había hecho el día anterior en el Congreso: España no puede seguir financiándose a más del 7% en los mercados, la situación es insostenible y la Unión Europea debe actuar ya. El jefe del Ejecutivo rebajó las expectativas de la cumbre y subrayó la dificultad inherente a los Consejos Europeos donde la «unanimidad» se convierte en la palabra maldita.
Rajoy, que ayer no mantuvo ninguna reunión bilateral según fuentes de la Moncloa ni tampoco conversó con ningún dirigente antes de llegar a Madrid, apoya todas las opciones que en estos momentos están sobre la mesa para aliviar la crisis de la deuda soberana y la crisis bancaria, pero no tenía previsto hacer bandera de ninguna, según esas mismas fuentes.
Opción A: los fondos europeos de rescate compran deuda soberana de los países con problemas pero sin tener que cumplir nuevas condiciones. Opción B: la ayuda financiera se entrega directamente a las entidades con problemas, no al Estado, y así se evita la contaminación de las cuentas públicas. Opción C: los socios que prestan dinero para el rescate de los bancos no serán acreedores preferentes. Y opción D (una idea de Finlandia conocida ayer): los países bajo presión emiten bonos de deuda garantizada, respaldados por bienes del Gobierno o por determinados ingresos fiscales.
Inyección del BCE
Rajoy solo había sido claro en esta crisis de la deuda soberana cuando reclamó (incluso por carta) la inyección de liquidez del Banco Central Europeo y el rescate directo de los bancos, unas peticiones que han topado con el muro de la cancillera alemana, Angela Merkel. Rajoy quiso hablar de tú a tú con la dirigente cuando llegó a la Moncloa, pero se ha distanciado por razones obvias.
En estos momentos, el presidente español ha empezado a mirar hacia París, donde François Hollande no solo apoya que las entidades con problemas reciban la ayuda directamente sino también defiende la creación de los eurobonos. Tanto Hollande como el primer ministro italiano, Mario Monti, con el que España comparte el grave problema de la prima de riesgo, se han convertido en sus principales aliados y a los que ha dejado que tomen la iniciativa.
El jefe del Ejecutivo español más de una vez ha dicho en privado que él eliminaría los titulares de los periódicos. El presidente no entiende la simplicidad de las dos líneas en tamaño 50 y no comparte ese contrapoder que en ocasiones supone la prensa. Probablemente por eso no dedica tiempo a explicar ante los periodistas sus estrategias ni da las explicaciones que le reclaman.
La mayoría absoluta de la que disfruta en el Congreso, además, le está permitiendo soslayar cualquier comparecencia e incluso ha decidido que este año no habrá debate del estado de la nación.