El Periódico

Ocho claves para entender el auge de la extrema derecha en Alemania

Las elecciones en Mecklemburgo-Antepomerania demuestran que el crecimiento de AfD se debe a un complejo voto de protesta de los sectores que más sufren

La formación xenófoba bebe de todos los partidos, de la ultraderecha a poscomunistas, gracias a su oposición al establishment

Ocho claves para entender el auge de la extrema derecha en Alemania

AFP / DANIEL BOCKWOLDT

Militantes de Alternativa por Alemania siguen las elecciones por TV.

Miércoles, 7 de septiembre del 2016 - 11:54 CEST

 

Alternativa por Alemania (AfD) lo ha vuelto a hacer. Este domingo la formación populista dio un nuevo golpe sobre el tablero político alemán al ser la segunda fuerza más votada en las elecciones regionales de Mecklemburgo-Antepomerania y al dar el sorpasso a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Angela Merkel. A pesar de que este antiguo Estado de la RDA presenta unas condiciones particulares que no pueden extrapolarse a nivel nacional, los resultados de los comicios escenifican algunas fallas del sistema político alemán y abren una serie de cuestiones sobre la complejidad de AfD.

¿Es realmente un partido de ultraderecha?

Asegurar que sus votantes son radicales descerebrados es una forma de simplificar un fenómeno con muchos rostros. A pesar de que la formación nació basada en el ultranacionalismo alemán, la protección de las fronteras bajo una identidad igualitaria y el euroescepticismo, sus votantes provienen de mundos muy diversos. En Mecklemburgo-Antepomerania, AfD ha conseguido capturar votos de ambos espectros del arco parlamentario. Aún así, su fundamento ideológico y sus coqueteos con el antisemitismo y con el partido neonazi (NPD) remarcan que sí se trata de un partido ubicado a la derecha de la derecha.

¿Por qué funciona la crítica a los refugiados?

En un año Alemania ha cambiado mucho. El escepticismo con los refugiados no ha parado de crecer y AfD ha sabido capitalizar esa desafección vinculándolo con el terrorismo y una supuesta lucha religiosa y cultural. “Su voto se fundamenta en el miedo a problemas sociales, aunque se trate más de una sensación de miedo que de una realidad”, explica Carsten Koschmieder, politólogo de la Freie Universität de Berlín. Eso explica en parte que incluso en un Estado que tan sólo cuenta con un 3,5% de población extranjera y que no ha recibido el impacto de la llegada de los refugiados el discurso de AfD haya triunfado. Sumado a los votos del partido neonazi NPD, ambos alcanzan el 24,4% en total, se puede leer que uno de cada cuatro votantes han optado por una opción xenófoba.

¿Es el repudio a los refugiados su único estandarte?

No. Cerrar las fronteras es un asunto determinante para sus votantes (54%) pero más allá de eso AfD se ha nutrido del descontento con unos partidos políticos que no han respondido a sus necesidades. La falta de autocrítica de estos partidos y la descalificación de los votantes de AfD simplifican el problema y dan más alas a la formación xenófoba. Así, el 67% de sus votantes provienen de la “decepción”.

Eso explica que su discurso transversal haya roto con la lógica de derechas contra izquierdas y haya conseguido captar votos que van desde los neonazis hasta los poscomunistas, pasando por exvotantes de los partidos más de centro. Así, un 18% de sus votos proviene de los socialdemócratas (SPD), un 16% de la CDU, un 14% de un NPD en vías de ilegalización y un 11% de Die Linke, la izquierda anticapitalista de orígenes marxista-leninistas.

¿Cómo lo han vinculado a la economía?

Además de la amenaza religiosa y cultural, AfD ha esgrimido la llegada de extranjeros como una amenaza a los pilares del Estado del Bienestar alemán en un claro mensaje de miedo para captar el voto de la clase media asustada. Eso en un länd con muchos desempleados y pensionistas como Mecklemburgo-Antepomerania ha dado sus frutos. “No se trata de un problema económico sino político”, apunta el profesor Serhat Karakayali, experto en migración de la Universidad Humboldt de Berlín. Lejos de lo que apuntan los expertos, los populistas han evitado hablar del impacto positivo que los refugiados pueden tener en el envejecido sistema de pensiones de Alemania.

¿Quién vota a AfD?

En Mecklemburgo-Antepomerania AfD fue el partido que captó mejor el voto de la clase obrera, con un 34%, y de los desempleados, con un 29%. Así, también se quedó muy cerca de la primera posición entre los autónomos y emprendedores que vieron en la formación populista un arma de protesta. Estos tres segmentos demográficos demuestran que gran parte del apoyo a AfD es un grito de queja contra los partidos tradicionales de la gente que más sufre. No sin relación, se trata del länd más pobre de Alemania, con un PIB por capita de 25.000 euros.

¿Dónde triunfa?

El auge del populismo de derechas ha sacudido toda Alemania pero sus mejores resultados los ha cosechado en el este del país. Mecklemburgo-Antepomerania es un Estado agrícola, pobre, envejecido, con poca población y poca renta, un campo abonado para la desafección de la que se nutre AfD. “La parte oriental de Alemania siempre ha estado más enfadada, se ven como los perdedores de la reunificación”, apunta Koschmieder.

¿A quién moviliza?

El éxito electoral de AfD no puede entenderse sin comprender su capacidad de movilizar a una parte del electorado tradicionalmente abstencionista. El discurso de AfD, dirigido a los ciudadanos más frustrados, consiguió disparar la participación hasta el 60,5%, más de un 10% en comparación con los comicios del 2011.

AfD es también un partido de indignados, de gente a la que los partidos tradicionales no ha sabido incluir. Así, el 35% de los votos cosechados por la formación en este Estado que formó parte de la RDA, 56.000 papeletas, proceden de gente que no había votado en anteriores comicios.

¿Cómo su auge ha cambiado la lógica política alemana?

El auge de AfD va mucho más allá de la antigua lógica de derechas contra izquierdas o de élites contra clases populares. Como apunta la profesora de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid Máriam Martínez Bascuñán el conflicto social se basa ahora en el eje dentro/fuera, en la colisión entre una visión cosmopolita y pluralista de Europa y otra cerrada basada en el egoísmo nacionalista y en una única etnicidad identitaria.

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