Una cincuentena de inmigrantes, en su mayoría procedentes de Eritrea, en el este de África, han muerto de deshidratación intentando llegar hasta las costas de Italia desde Libia, según informó ayer el Alto Comisariado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Abbés Settou, el único superviviente que logró escapar de la muerte por deshidratación, recordaba como «lanzaba» por la borda los cuerpos de los pasajeros que iban muriendo «de hambre, sed o fatiga».
Un total de 55 personas embarcaron a finales de junio en una playa cercana a Trípoli (Libia), la mayoría de ellos originarios de Eritrea, a bordo de una embarcación neumática. Después de una jornada de navegación, llegaron hasta las proximidades de la costa italiana, pero el viento y las corrientes los reenviaron de nuevo a alta mar.
Estuvieron 15 días a la deriva. La barca comenzó a perder aire y debido a que no había agua a bordo, muchos comenzaron a beber el agua del mar. «No podían pedir ayuda porque su teléfono satélite tenía una avería; se perdieron y no sabían cómo orientarse», indicó el sacerdote eritreo Mussie Zerai, miembro de una oenegé en Italia.
HOSPITALIZADO EN TÚNEZ / «Es gracias a Dios que he sobrevivido», alcanzaba a decir Settou. Tras dos días en el hospital en la población de Zarzis, en el sur de Túnez, el único superviviente de la tragedia, sin papeles, pasará a estar bajo custodia del ACNUR. Según la rama italiana de la organización, en lo que va de año unas 170 personas han muerto o desaparecido intentando llegar a Europa desde las costas de Libia.
Un barco que transportaba 50 eritreos y somalís fue interceptado el lunes por la Marina maltesa, aunque los inmigrantes rechazaron toda asistencia y decidieron continuar hacia Italia. Otros 50 subsaharianos, entre ellos una niña de dos años, fueron rescatados en la madrugada de ayer frente a las costas de Messina. Desde el primero de enero, más de 1.300 inmigrantes han llegado en embarcaciones de fortuna a Italia desde Libia y un millar adicional a Malta. El periodo en que este tráfico humano es más intenso es entre los meses de mayo y septiembre, cuando el estado de la mar favorece la navegación.
El alto comisionado adjunto para los refugiados, Alexander Aleitnikoff, expresó en un comunicado su «profundo pesar» por la muerte de los inmigrantes, al tiempo que hizo «un llamamiento a los capitanes de las embarcaciones en el Mediterráneo para que presten la máxima atención a posibles casos de embarcaciones en apuros que necesiten ser socorridos». «El Mediterráneo es una de las zonas del mar con mayor tráfico del mundo y es fundamental que la antigua tradición de rescate en el mar siga siendo respetada», resumió Aleitnikoff.