Caras de resignación dominan la sala de espera del Hospital San José, en Lisboa. Guillermina es una de las pocas personas que mantuvo ayer su visita programada pese al anuncio de las dos jornadas de huelga convocadas por el personal médico del Servicio Nacional de Salud portugués para el miércoles y jueves. Tras horas de espera, una doctora finalmente se acerca a ella para excusarse por los problemas causados mientras le explica las razones que han llevado el sector a la huelga. La paciente asiente con la cabeza y acepta las disculpas. Las opiniones se cruzan cuando se trata de hacer frente al Gobierno, una vez que las medidas de ajuste adoptadas por el Ejecutivo desde la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo y la Comisión Europea afectan a todas las capas de la sociedad portuguesa. Acudir al servicio de urgencias ha pasado de costar 9 euros a 20 euros.
Un médico, durante la manifestación de protesta celebrada en Lisboa el miércoles. AFP / PATRICIA DE MELO
Información publicada en la página 18 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 13 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Hacía 26 años que una huelga en el servicio médico no lograba semejante impacto. El paro obligó a anular 5.000 operaciones quirúrgicas y 400.000 consultas en dos jornadas. Esta vez, como en 1989, los sindicatos contaron con el apoyo de la Orden de Médicos y el resultado fue una adhesión del 95% a nivel nacional, según datos de la Federación Nacional de Médicos, que responsabiliza al Gobierno del fracaso de las negociaciones sobre las nuevas normas para la contratación de doctores y de las «trabas» en las carreras profesionales. Estas medidas multiplican el descontento de un sector duramente afectado por los recortes en el presupuesto público para hospitales y centros de salud desde la aprobación del rescate.
MOTIVO DE PROTESTA / Para los miles de profesionales que se concentraron el miércoles frente al Ministerio de Salud, entre 2.500 y 4.000, según las distintas fuentes , el motivo de salir a la calle no es otro que el «desmantelamiento» del Sistema Nacional de Salud. Vestida de bata blanca y brazalete negro, Lucía, de 32 años, médica pediatra del Hospital Santa Estefanía, lamentaba la «acelerada pérdida de calidad» del servicio sanitario en apenas dos años y la precariedad que amenaza a los profesionales del sector. Es la primera vez que se adhería a una protesta como esta y, quizá, por ello, confía en una solución acordada con el Ejecutivo.
A la misma hora, desde la tribuna del Parlamento, en el debate sobre el estado de la nación el ministro de Sanidad, Pablo Macedo, insistía en recalcar la prioridad de su departamento en un contexto de «emergencia nacional», garantizar la «sostenibilidad» del servicio. También en el Parlamento, el primer ministro, Pedro Passos Coelho, eludía aclarar cómo el Gobierno compensará el revés del Tribunal Constitucional a una de las medidas extraordinarias para el 2012 y el 2013, que consistía en la eliminación de las dos pagas extras para funcionarios y pensionistas.
La ansiedad entre los miembros del Gobierno crece ante la probabilidad, cada día mayor, de que Portugal no cumpla con la meta de déficit para este año. La cifra en el primer trimestre fue del 7,8%, frente al 4,5% que deberá alcanzar en el 2012 para continuar recibiendo las ayudas de la UE y el FMI.