Se dice que no deciden elecciones, menos cuando los miedos económicos dominan la conversación de campaña y el paro supera el 8%. Los temas sociales, no obstante, siempre han movilizado en Estados Unidos a parte del electorado, especialmente a las bases de ambos partidos. Y en la carrera hacia la cita con las urnas, el 6 de noviembre, ha irrumpido con fuerza uno de los más polarizantes: el aborto, catapultado al primer plano por el aspirante a senador Todd Akin, que al defender su oposición a cualquier excepción puso en duda que las «violaciones legítimas» resulten en embarazos.
Barack Obama, durante un acto electoral en la localidad de Reno (Nevada), esta semana. AP / CAROLYN KASTER
Información publicada en la página 13 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 23 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Legalizado en EEUU en 1973 por el Tribunal Supremo en la histórica decisión Roe vs. Wade, el derecho al aborto cuenta con el respaldo de la abrumadora mayoría de la población estadounidense. Según el último sondeo al respecto del centro Pew, un 25% lo considera legal en todos los casos, un 52% lo defiende en determinadas circunstancias como en caso de violación, incesto o cuando la vida de la embarazada corre peligro y solo un 20% cree que debería estar prohibido en cualquier caso.
VENTAJA DE OBAMA / Esos sentimientos hacia el aborto que muestran las encuestas explican en parte que el presidente, Barack Obama, defensor de ese derecho y que recientemente ha dado pasos en otros campos como mostrar su apoyo al matrimonio homosexual, sea visto como más adepto que su rival, Mitt Romney, para lidiar con temas sociales. En los resultados del último sondeo de AP publicados ayer, un 54% prefieren al demócrata frente el 33% que se inclina por el republicano.
Romney tiene el problema añadido de haber cambiado varias veces de postura (primero prometió «no imponer sus creencias» y luego, pese a haber defendido en un momento la «sustancia» de Roe vs. Wade se definió como «provida»). Además, ha elegido como vicepresidente a Paul Ryan, uno de los más proactivos impulsores de propuestas en el Congreso para restringir derechos reproductivos o vincular la religión a decisiones médicas que han reactivado en círculos demócratas y progresistas las acusaciones de que el Partido Republicano libra «una guerra contra la mujer».