Los agentes del control de la zona de embarque del aeropuerto T.F. Green de Rhode Island (EEUU) no daban crédito a sus ojos cuando descubrieron el pasado martes un arma y munición en el interior de varios peluches infantiles transportados por un padre y su hijo de solo cuatro años, que pretendían tomar un avión hasta Detroit.
Los juguetes de peluche que llevaba el niño en una bolsa de mano fueron sometidos a la máquina de rayos X, como parte del control de seguridad habitual del aeropuerto. Al pasarlos por el escáner, los oficiales de la Agencia de Seguridad en el Transporte, la polémica TSA, vieron un cargador lleno de balas dentro de un conejo blanco de peluche y el armazón de una pistola del calibre 40 en un osito de peluche. También llevaba sorpresa el Mickey Mouse, que escondía la corredera y el cañón necesarios para montar la pistola.
Las autoridades requisaron el arma y la munición, y pusieron al pasajero y a su hijo bajo custodia. Sin embargo, tras interrogarlos durante unos minutos les dejaron embarcar en su vuelo sin ningún tipo de sanción, porque tanto el FBI como los investigadores estimaron que "no suponían un peligro para la seguridad aérea".
Según ha declarado el padre del menor al que pertenecían los peluches, y cuya identidad no ha trascendido, ni él ni su hijo sabían del particular y peligroso relleno de los juguetes. "Parece que todo se debe a una disputa familiar", ha explicado Leo Messier, jefe de policía del aeropuerto.
A raíz de este suceso, el portavoz de la TSA ha aprovechado para justificar la existencia del polémico registro, considerado abusivo por muchos pasajeros. "Este caso es una muestra más de que las amenazas reales pueden surgir de casi cualquier sitio, y eso justifica la necesidad de los agentes de la TSA de registrar y atender hasta el más mínimo detalle".
Los medios de comunicación estadounidenses han denunciado casos como el de una mujer de 95 años que fue obligada a quitarse un pañal de adulto en un control aeroportuario, o el de varios niños que se han visto obligados a someterse a denigrantes cacheos.
Las quejas contra los métodos de los oficiales de la TSA han crecido un 25% desde que en octubre del 2010 se incrementaran las medidas de seguridad en los aeropuertos estadounidenses.