Tras cerrar en las últimas semanas la brecha abismal que le sacaba el presidente Barack Obama respecto a la intención de voto de las mujeres, la campaña de Mitt Romney vio ayer como su estrategia para transmitir una imagen de moderación en asuntos cómo el aborto o la igualdad en el trabajo era torpedeada nuevamente desde sus filas.
Información publicada en la página 12 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 25 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Esta vez se lo debe al senador republicano de Indiana, Richard Mourdock, quien para expresar su oposición sin matices al aborto afirmó que los embarazos que se producen tras una violación no pueden separarse de la voluntad de Dios.
Mourdock es otro de esos apóstoles del Tea Party, cuyo verso libre está dando más de un sobresalto a los conservadores en esta campaña. Preguntado durante un debate televisado en Indiana entre tres candidatos al Senado sobre su posición respecto al aborto en casos de violación e incesto, Mourdock dijo el martes que tras una larga lucha interior consigo mismo había llegado a la conclusión de que la vida es un regalo de Dios. «Y yo creo que, incluso cuando la vida comienza con una situación tan horrible como la violación, es algo que Dios quiere que pase».
MATIZACIÓN / Mourdock matizó más tarde que en ningún momento quiso sugerir que las violaciones sean una suerte de castigo divino, pero sus declaraciones han recordado a las del también republicano afín al Tea Party Todd Akin en agosto. Akin dijo aquello de que el cuerpo de las mujeres tiene formas de prevenir el embarazo cuando son objeto de «violaciones legítimas».
Como ya sucedió entonces, Romney ha tratado de distanciarse de las palabras de Mourdock, al que esta misma semana había respaldado grabando un vídeo promocional. Pero es evidente que los republicanos están teniendo serias dificultades para vender la imagen de un partido moderno, igualitario y sensible a las preocupaciones de las mujeres, un sector que será decisivo en estas elecciones. Ellas decantaron hace cuatro años la victoria de Obama, otorgándole 14 puntos de ventaja sobre John McCain, y en esta campaña constituyen casi el 60% de los indecisos, de modo que la suerte de Romney dependerá en gran medida de su capacidad para alejarlas del presidente.
Su punto de partida no es el mejor. Durante la primarias, Romney afirmó que estaría «encantado» de prohibir el aborto con una ley federal, expresó su confianza en que el Tribunal Supremo revoque la sentencia que permite la interrupción del embarazo desde 1973 y se comprometió a secar la financiación de Planned Parenthood, unas clínicas de planificación familiar que atienden a tres millones de mujeres. Unas clínicas que no solo realizan abortos, sino también mamografías o ecografías durante el embarazo.
ESCASA DESTREZA / Romney tampoco ha querido decir hasta ahora si mantendrá la ley de pago igualitario, la primera aprobada por Obama tras asumir el poder y que facilita las demandas contra empresas que practican la discriminación salarial.
Pero, en las últimas semanas, a medida que los demócratas tachaban sus posturas de ser más propias de los años 50, Romney ha rebajado el celo y ha ido alterando el tono. Aunque no siempre lo ha hecho con la mejor destreza. Ahí están por ejemplo sus declaraciones sobre las «carpetas llenas de mujeres», a las que recurrió para contrarrestar la testosterona que dominaba en el Gobierno de Massachusetts cuando se hizo con el cargo de gobernador.
Y ya no promete legislar contra el aborto o restringir el acceso a los anticonceptivos, algo que sí hizo en Massachusetts al vetar una ley para permitir que las mujeres violadas tuvieran acceso a la llamada píldora del día después. El lavado de imagen lo están promoviendo también con anuncios electorales. En uno de ellos, una mujer dice que ya no le preocupan las posiciones de Romney porque tras hacer una búsqueda en Google se ha dado cuenta de que no se opone a los anticonceptivos y apoya el aborto en los casos de incesto, violación y situaciones que pongan en peligro la vida de la madre.
Esta estrategia parece que le está dando resultados. De los 14 puntos que le sacaba Obama en abril en intención de voto, ha pasado a un máximo de seis. Pero tendrá que seguir hilvanando fino porque los demócratas no le van a pasar ni una. «El presidente cree que estos comentarios son escandalosos y peyorativos para las mujeres», dijo ayer una portavoz de Obama refiriéndose a las declaraciones del senador Mourdock. «Esta claro que Romney y muchos republicanos tienen posiciones muy extremas respecto a los asuntos que preocupan a las mujeres».