El opositor Hassan Sheikh Mohamed ha sido elegido este lunes por sorpresa nuevo presidente de Somalia por el nuevo parlamento para un mandato de cuatro años, lo que pondrá fin al proceso de transición política del país africano iniciado en el 2004 con el respaldo de la ONU. Mohamed, un académico, se impuso en la votación final al actual presidente, Sharif Sheikh Ahmed, que era favorito. Son los primeros comicios desde los años 70 en que tanto los diputados como el presidente son elegidos por somalís y en territori somalí.
Los 275 diputados responsables de la votación del nuevo presidente fueron nombrados el mes pasado por 135 ancianos que representaban todos los clanes. Este método de representación, supervisado y aprobado por la ONU, sustituye a unas elecciones democráticas, ya que la situación de seguridad no permitía la realización de unos comicios creíbles, aunque se espera que dentro de cuatro años se celebren votaciones democráticas. A pesar de la supervisión del organismo internacional, varios candidatos han denunciado situaciones de fraude que, finalmente, no han sido demostradas.
Mohamed tendrá el reto de reconstruir el país, en plena parálisis desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Siad Barré y comenzó la guerra civil. El conflicto dejó sin un gobierno efectivo a Somalia, que cayó en manos de milicias islamistas, señores de la guerra que responden a los intereses de un clan determinado y de las bandas de delincuentes armados. El resultado es catastrófico: una Somalia que encabeza la clasificación de los países más corruptos y que tiene una esperanza de vida de la población que a penas supera los 50 años de edad.
La inseguridad es otro de los problemas crónicos a pesar de que la situación en la capital ha mejorado en los últimos meses. Sin ir más lejos, el día antes de la elecciones hubo al menos un muerto y cinco heridos en Mogadiscio a causa de intercambios de disparos entre el Ejército de Somalia e individuos armados,
En paralelo, continúan los conflictos armados internos. La Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM), en coordinación con el Ejército de Somalia, el de Etiopía y milicias progubernamentales, avanza hacia la ciudad de Kismayo, en el sur, bastión de los radicales islámicos de Al Shabab. La banda, que en febrero anunció su unión con Al Qaeda, combate al Gobierno somalí para instaurar un estado musulmán de corte wahabí en la zona.