Un diplomático había descrito la reunión de ayer en el Consejo de Seguridad de la ONU como la «escenificación de la muerte de la misión en Siria». Lo fue, y aunque el Consejo apoyó la propuesta del secretario general, Ban Ki-moon, de crear una oficina política en Damasco, dio por terminado el mandato de los 300 observadores militares, que expira el domingo. Así, la única iniciativa que el Consejo de Seguridad había adoptado en relación a Siria acaba en un estrepitoso fracaso.
Miembros del rebelde Ejército Libre de Siria trasladan el cuerpo de un compañero, durante los combates en Alepo, ayer. REUTERS / GORAN TOMASEVIC
Información publicada en la página 13 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 17 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Era una decisión necesaria considerando la situación en el país y la división existente en el Consejo», dijo el embajador francés y presidente de turno, Gerard Araud. Sus palabras llevaban, de nuevo, la crítica implícita a Rusia, el país que con tres vetos [al igual que China] ha impedido la aprobación de resoluciones que presionaran al régimen de Bashar el Asad con la amenaza de sanciones. Vitaly Churkin, representante de Moscú ante la ONU, ha convocado una reunión para hoy en Nueva York de los embajadores del llamado Grupo de Acción, con el fin de «lanzar una llamada conjunta a las partes para que cesen la violencia» e instarlas a «negociar una solución política». El grupo, que ya se reunió el 30 de junio en Ginebra, lo componen los embajadores de los cinco miembros permanentes del Consejo, así como los de Qatar, Kuwait, Irak y Turquía. Rusia quiere también que participen Arabia Saudí e Irán, aunque en el pasado Washington ha amenazado con no acudir si Teherán está presente.
EEUU indicó ayer que el régimen de Asad está cada vez más «aislado», después de que la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) suspendiera a Siria de este organismo, lo que equivale a una expulsión temporal. Para Washington la decisión, tomada en una reunión en La Meca «subraya el creciente aislamiento internacional [de Damasco] y el amplio apoyo a la lucha del pueblo sirio por un Estado democrático».
NUEVA MASACRE / A pesar de las medidas internacionales, Asad no cede y sus fuerzas siguen bombardeando diversas localidades del país, donde los enfrentamientos contra los rebeldes se recrudecen. Ayer, activistas de la oposición denunciaron la masacre de 40 personas en una panadería de Alepo, castigada desde hace semanas por el Ejército sirio y los combates. También se produjeron bombardeos en la periferia de Damasco, en la provincia de Idleb (norte) y de Deir el-Zur (sur).
En un suburbio de la capital siria se hallaron 60 cadáveres maniatados en un vertedero, según los Comités de Coordinación Local, que atribuyeron la matanza al régimen sirio. La oenegé Human Rights Watch denunció la muerte el martes de al menos 40 personas, incluidos niños y mujeres, en bombardeos sobre un barrio residencial de Azaz, en la provincia de Alepo. De este ataque habrían salido ilesos los 11 libaneses chiís secuestrados por rebeldes sirios y que están en Azaz, indicó ayer el ministro libanés de Exteriores, Adnan Mansur. Según la secretaria general adjunta de la ONU para Asuntos Humanitarios, Valérie Amos, el conflicto de Siria ha provocado ya 2,5 millones de desplazados internos.