Las fuerzas gubernamentales sirias y los opositores armados violan los derechos humanos a mayor escala y con más frecuencia cada día, según un informe presentado ayer por la comisión independiente auspiciada por la ONU para investigar los abusos y crímenes que se cometen en Siria. La comisión presentó sus conclusiones ante el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra.
Combatientes rebeldes y civiles velan el cadáver de un militante caído en los enfrentamientos en Alepo. REUTERS / ZAIN KARAM
Información publicada en la página 12 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 18 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El jefe de la comisión, el brasileño Paulo Sergio Pinheiro, indicó que contaba con «una muestra formidable y extraordinaria de pruebas» sobre las atrocidades cometidas que le han llevado a elaborar una nueva lista de sospechosos de crímenes de guerra. Además, la oenegé Human Rights Watch (HRW) aseguró que los rebeldes armados torturan a los detenidos y llevan a cabo ejecuciones sumarias, aunque señaló que los abusos perpetrados por las fuerzas del régimen de Damasco son más numerosos y extendidos.
Pinheiro, que calificó las violaciones de «flagrantes», «sin límites», y disparadas en «número, ritmo y escala», instó al Consejo de Seguridad de la ONU a remitir el caso sirio al Tribunal Penal Internacional (TPI). En agosto, la comisión ya informó de que los asesinatos, la tortura y la violencia sexual eran constantemente permitidos por el régimen del presidente sirio, Bashar el Asad, y que los opositores armados cometían también crímenes de guerra, pero no de la misma gravedad que los atribuidos a las fuerzas gubernamentales.
MATANZA DE HOULA / La comisión también concluye que el Ejército sirio y las milicias afines a Asad habían perpetrado la matanza de Houla en mayo, en la que 108 personas, entre ellas mujeres y niños, fueron asesinadas. «Tenemos una segunda lista confidencial de individuos y unidades que creemos que son responsables de violaciones de los derechos humanos», indicó Pinheiro. «La comisión considera inapropiado publicar los nombres de los sospechosos dado el bajo nivel de pruebas que utilizan las comisiones comparado con el que usan los tribunales», señaló el relator brasileño.
En febrero, Pinheiro ya entregó a la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, una lista de presuntos criminales de guerra. Pinheiro subrayó ayer que en Siria hay una «presencia alarmante y que va en aumento» de combatientes islamistas. Algunos de ellos integran las filas del Ejército Sirio Libre (ESL) y otros luchan de manera independiente, según el informe. «Este tipo de elementos tienden a empujara los combatientes a posiciones más radicales», afirmó Pinheiro, lo que ha llevado a «un aumento dramático» de las tensiones sectarias.
«RESUCITAR EL CALIFATO» / Pinheiro no identificó a estos grupos ni su procedencia, limitándose a hablar de «gente que intenta resucitar el Califato, que emite fatuas (decretos religiosos)» y de «grupos radicales islamistas y fundamentalistas». La presencia de yihadistas en Siria, según el régimen de Damasco, responde a «un plan preconcebido para producir la fragmentación de Oriente Medio y satisfacer los intereses de EEUU e Israel». Los opositores armados, según HRW, han llevado a cabo ejecuciones extrajudiciales en las provincias de Aleppo, Latakia e Idlib. Un equipo de la oenegé pudo documentar al menos doce casos de este tipo de asesinatos, entre los cuales está el de cuatro miembros de la familia Al-Barri, explicó el subdirector de HRW, Nadim Houry.
Por su parte, Navi Pillay denunció ante el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra que los grupos armados de la oposición siria utilizan a niños como soldados en el conflicto y que «tanto las fuerzas del Gobierno como los grupos armados de oposición han desplegado francotiradores que disparan a civiles».