esta vez no hay escapadas turísticas ni tiempo para aprovechar los campos de golf que rodean el complejo de Williamsburg (Virginia), donde Barack Obama prepara el segundo debate con Mitt Romney, que se celebra hoy en Hempstead (Nueva York). Con lecciones aprendidas tras el descalabro que protagonizó ante 70 millones de estadounidenses en el primero de los tres duelos hace 13 días en Denver, el presidente y sus asesores han afrontado la preparación de la cita con mucha más seriedad, conscientes de los riesgos para la carrera que supondría una segunda actuación interpretada como derrota. Obama solo hizo el domingo una pausa para visitar brevemente un centro de voluntarios de su campaña. Y aunque uno de sus ayudantes ha dicho que «lo que Obama necesita trabajar es el estilo», el reto es tanto de forma como contenido.
Barack Obama carga con pizzas para los voluntarios de campaña de Virginia, el domingo. AP / CAROLYN KASTER
Información publicada en la página 13 de la sección de Mundo de la edición impresa del día 16 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«El presidente sabe que tiene que mostrarse más enérgico», avanzó el domingo Robert Gibbs, uno de sus asesores y que fue su primer jefe de prensa de la Casa Blanca. «Creo que se verá a alguien muy apasionado sobre la elección que afronta el país».
El formato del debate, 90 minutos en que las preguntas son planteadas por ciudadanos escogidos por una firma de encuestas, dificultará las acusaciones directas entre Obama y Romney. Y aunque ese formato también obliga a establecer conexiones emocionales con el público que planteará las preguntas en la Universidad de Hofstra -terreno donde Romney no siempre se mueve con comodidad-, el candidato republicano ha cogido mucha experiencia en este tipo de encuentros con la audiencia (los llamados town hall meetings) durante la larga campaña desde las primarias. Obama, mientras, solo ha participado en uno en los últimos nueve meses.
Pese a las limitaciones que impone el formato del debate, Obama se empeñará en no repetir los errores de Denver y se prevé que haga uso de fórmulas de ataque a las que no recurrió entonces, como cuestionar el historial de Romney como empresario en Bain Capital, el desafortunado comentario despectivo hacia el 47% de los electores o las generalizaciones sin datos específicos con que el exgobernador de Massachusetts habla de su plan de impuestos.
EMPATE NACIONAL / Sus asesores le están ayudando a preparar respuestas concisas y con gancho. Y como explicó ayer Jen Psaki, su portavoz de campaña, «ha pasado tiempo memorizando los engaños (de Romney) y las formas en que se ha escondido de sus posiciones estrictamente conservadoras». Los demócratas intentan relativizar el efecto que el primer debate tuvo en las encuestas, a las que Romney logró dar un vuelco y que ahora apuntan, según la media de Real Clear Politics, a un empate a escala nacional.
Aseguran, como muchos politólogos, que es ahora cuando los sondeos reflejan una carrera que siempre debió estar más igualada, dada la situación económica del país. Y aunque pueden mirar con cierta calma a estados clave como Ohio, donde la última encuesta da a Obama una ventaja de cinco puntos, han visto a Romney adelantarse en sondeos en los otros dos estados determinantes: Florida y Virginia.
En el campo republicano hay también presión, especialmente tras las expectativas superadas del primer debate, y Romney ha estado trabajando sobre todo en cómo conectar, incluso con sus gestos físicos, con el público en Hofstra.